ESCRIBIENDO PARA DIOS Escribiendo para Dios | Page 12

Si de algo estoy plenamente convencida es que Dios me envió a este mundo con un propósito,, un propósito mucho más grande que mis sueños, un propósito tan inmenso que ni siquiera cabe dentro de mis pensamientos, en su palabra encuentro que mucho antes de que fuera concebida por mis papás, fui diseñada en la mente de Dios y que nada de lo que pasa en mi vida puede ser atribuido ni al destino, ni de la casualidad, ni de la suerte. Dios me creo por y con amor

Dios tiene un propósito para mi vida aquí en la tierra y al tener la certeza de fui creada por Dios también debo tener la certeza que fui creada para Él, para amarle, adorarle, para seguirle y obedecerle.

La principal tarea con la que Dios nos trajo a este mundo es para que a través nuestro muchas de las personas que se han perdido en el camino lleguen nuevamente a sus pies, para que aquellos que por una u otra circunstancia se alejado de Él se arrepientan y le entreguen el control de su vida a Él a nuestro padre y creador, nuestro DIOS.

Predicar y compartir la palabra de Dios, las buenas nuevas de salvación es el acto de bondad y de amor más grande que podemos hacer. No podremos hacer ninguna otra cosa que importe tanto como ayudar a las personas a restablecer su relación con Dios. Jesús no vendrá de nuevo hasta que cada una de las personas que Dios quiere que oigan las buenas nuevas las hayan oído.

Para cumplir con la tarea que Dios nos ha dado lo que primero debemos hacer es compartir nuestro u testimonio, compartir nuestras experiencias personales con respecto al Señor. Muchos hemos vivido situaciones en cuales pudimos ver como la misericordia de Dios se ha manifestado, muchos en nuestras familias o a nivel personal hemos visto como las promesas de Dios se cumplen, como Dios nos ha guardado, sanado y fortalecido.

Dios quiere que compartamos su palabra, las buenas nuevas de salvación sin importar los incrédulos ya que Dios se encargara de ellos, nuestra tarea es orar por ellos para que antes de que se vayan de este mundo crean y reciban a Jesús como su salvador. Si tememos compartir las buenas nuevas con las personas cercanas a nosotros, debemos pedirle a Dios que llene nuestro corazón con su amor por ellos. Mientras tengamos una persona conocida que aún no conoce a Cristo, debemos orar por ella, servirle en amor y compartirle las buenas nuevas.

Con nuestra conversión también nos convertimos mensajeros de Dios.