ALDO SOHM: EL HOMBRE QUE TRANSFORMÓ LA ALTA ENOLOGÍA CON HUMILDAD Y PASIÓN
A los 54 años, el austríaco Aldo Sohm es uno de los sommeliers más reconocidos del mundo.
Dirige un auténtico imperio para los amantes del vino en la calle 51 de Nueva York: es director de vinos del restaurante Le Bernardin, con tres estrellas Michelin, y también lidera su propio Aldo Sohm Wine Bar, ubicado justo enfrente.
A pesar de su prestigio, Sohm sorprende por su sencillez: admite disfrutar un vaso de rosé Whispering Angel, un vino que cuesta apenas $ 22.99 USD en Target.“ En lugar de criticar, lo probé … y era delicioso”, confesó entre risas.
Esta humildad es, precisamente, lo que ha cimentado su éxito. En un mundo donde la alta enología suele ser elitista, Aldo Sohm rompe esquemas con cercanía y empatía. En lugar de imponer gustos, guía a las personas con conocimiento y respeto, permitiendo que descubran por sí mismas el placer del vino.
Nacido en Innsbruck, Austria, soñaba con ser piloto de helicóptero, pero terminó dando clases en una escuela de hospitalidad. Pronto descubrió que lo suyo no era la rutina, sino la pasión por el vino. A los 21 años cambió su rumbo y comenzó a formarse como sommelier, logrando en 2002 el título de mejor sommelier de Austria, que defendió con éxito en varias ocasiones.
En 2004 viajó a Nueva York con la intención de mejorar su inglés … y terminó conquistando el mundo del vino. Cuatro años más tarde ganó el máximo galardón de la World Sommelier Association, convirtiéndose en una referencia internacional. Su llegada al Le Bernardin, un templo de la gastronomía francesa, causó revuelo: un austríaco desafiaba la tradición gala. Pero pronto demostró su maestría.
En 2013, el chef Eric Ripert y Maguy Le Coze, dueños del restaurante, le propusieron abrir un bar de vinos que llevara su nombre. Así nació el Aldo Sohm Wine Bar, un espacio cálido, sofisticado y accesible, donde la pasión por el vino se comparte sin pretensiones.
A pesar de los premios y el reconocimiento, Sohm no se considera exitoso. Cada día busca mejorar, reflexiona sobre sus errores y se reta a sí mismo:
“ Me gusta lo que hago, así que cada noche pienso cómo puedo hacerlo mejor. Me molesta equivocarme, pero al día siguiente vuelvo a intentarlo.”
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