ES ICÓNICOS ILLAS
Alberto Morillas usa los mismos calcetines que el Papa. Y sus calcetines son rojos o morados; la marca italiana que los fabrica, Gammarelli, que reserva el blanco solo para el Papa. A pesar de este ligero matiz de estilo, el creador español inspira casi el mismo respeto y admiración en el mundo de la perfumería que el jefe de la Iglesia católica. Originario de Andalucía, es autor de éxitos colosales, como el Acqua di Gio de Giorgio Armani, que dejaron huella en las décadas de los noventa y 2000. Pero eso no es todo.
Cuando GQ Francia lo conoció el pasado otoño en la sede parisina de DSM-Firmenich, una de las grandes empresas de composición que subcontrata la creación de fragancias para las marcas de renombre, los perfumistas de la casa se turnaron para saludarle cortésmente al comienzo de la mañana. Hay que decir que su presencia aquí es bastante inusual. Después de pasar años viajando entre Suiza, París y Nueva York, como hacen los grandes perfumistas, Alberto Morillas trabaja actualmente desde su casa en Ginebra, donde sigue creando para diseñadores, marcas de
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