ENSAYO SOBRE LA CEGUERA ensayo sobre la ceguera - grados decimos | Página 64
Ensayo Sobre La Ceguera
José Saramago
si le pegas un tiro será una boca menos, Si la viera ya tenía una bala en la barriga. Luego,
dirigiéndose a todos, Volved inmediatamente a las salas, ja, ja, cuando hayamos llevado la
comida para dentro ya diremos lo que tienen que hacer, Y el pago, volvió a preguntar la
mujer del médico, cuánto nos va a costar un café con leche y una galleta, La tía se la está
jugando, dijo la misma voz, Déjamela a mí, dijo el otro, y cambiando de tono, Cada sala
nombrará dos responsables que se encargarán de recoger todo lo que haya de valor, todo,
de cualquier tipo, dinero, joyas, anillos, pulseras, pendientes, relojes, todo lo que tengan, y
luego lo llevan a la tercera sala del lado izquierdo, que es donde estamos, y si quieren un
consejo de amigo, que no se les pase por la cabeza engañarnos, sabemos que algunos van a
esconder parte de lo que tengan de valor, pero les advierto que ésa será una idea pésima, si
lo que nos entregáis no nos parece suficiente, simplemente no coméis, tendréis que
entreteneros masticando los billetes y los brillantes. Un ciego de la segunda sala, lado
derecho, preguntó, Y cómo hacemos, entregamos todo de una vez o vamos pagando
conforme vayamos comiendo, Por lo visto no me he explicado bien, dijo el de la pistola
riéndose, primero pagáis, después comeréis, y, en cuanto a lo de pagar según vayáis
comiendo, eso exigiría una contabilidad muy complicada, lo mejor es que lo llevéis todo de
una vez, y ya veremos qué cantidad de comida merecéis, estáis avisados, que no se os
ocurra esconder nada, porque a quien lo haga le va a costar muy caro, y para que veáis que
actuamos legalmente, os advierto que después de que entreguéis lo que tengáis, haremos
una inspección, y ay de vosotros si encontramos algo, aunque sólo sea una moneda, y
ahora, fuera de aquí todos, rápido. Alzó el brazo y disparó de nuevo, Cayó un pedazo más
de yeso. Y tú, dijo el de la pistola, no olvidaré tu voz, Ni yo, tu cara, respondió la mujer del
médico.
Nadie pareció reparar en lo absurdo de que una ciega diga que no va a olvidar una
cara que no ha visto. Los ciegos retrocedieron a toda prisa, en busca de las puertas, poco
después estaban los de la primera sala info