ENSAYO SOBRE LA CEGUERA ensayo sobre la ceguera - grados decimos | Page 60
Ensayo Sobre La Ceguera
José Saramago
encontrarse en un solo cuadro pinturas tan diferentes y de tan diferentes pintores, Y había
unos hombres comiendo, Han sido tantos los almuerzos, las meriendas y las cenas en la
historia del arte, que por sólo esa indicación no me es posible saber quién comía, Los
hombres eran trece, Ah, entonces es fácil, siga, También había una mujer desnuda, de
cabellos rubios, dentro de una concha que flotaba en el mar, y muchas flores a su
alrededor, Italiano, claro, Y una batalla, Estamos como en el caso de las comidas y de las
madres. con niños en el regazo, eso no es suficiente para saber quién lo pintó, Muertos y
heridos, Es natural, tarde o temprano todos los niños mueren y los soldados también, Y un
caballo espantado, Con los ojos como saliéndosele de las órbitas, Tal cual, Los caballos
son así, y qué otros cuadros más había en ese cuadro suyo, No llegué a saberlo, me quedé
ciego precisamente cuando estaba mirando el caballo. El. miedo ciega, dijo la chica de las
gafas oscuras, Son palabras ciertas, ya éramos ciegos en el momento en que perdimos la
vista, el miedo nos cegó, el miedo nos mantendrá ciegos, Quién es el que está hablando,
preguntó el médico, Un ciego, respondió la voz, sólo un ciego, eso es lo que hay aquí.
Entonces preguntó el ciego de la venda negra, Cuántos ciegos serán precisos para hacer
una ceguera. Nadie le supo responder. La chica de las gafas oscuras le pidió que pusiera la
radio, tal vez dieran noticias. Las dieron más tarde, mientras tanto estuvieron oyendo un
poco de música. En cierta altura, aparecieron a la puerta de la sala unos cuantos ciegos,
uno de ellos dijo, Qué pena no haber traído la guitarra. Las noticias no fueron alentadoras,
corría el rumor de que se iba a formar de inmediato un gobierno de unidad y salvación
nacional.
Cuando, al principio, los ciegos de aquí se contaban aún con los dedos, cuando
bastaba cambiar dos o tres palabras para que los desconocidos se convirtieran en
compañeros de infortunio, y con tres o cuatro más se perdonaban mutuamente tod