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Ensayo Sobre La Ceguera
José Saramago
partieran los frenos. Sin embargo ésa fue, dos días después, la auténtica causa de otro
accidente, pero, así es el mundo, tiene la verdad muchas veces que disfrazarse de mentira
para alcanzar sus fines, y el rumor que corrió fue que se había quedado ciego el conductor.
No hubo manera de convencer al público de lo que efectivamente había acontecido, y el
resultado no tardó en verse, de un momento a otro la gente dejó de utilizar los autobuses,
decían que preferían quedarse ciegos antes que morir porque se hubiera quedado ciego
otro. Un tercer accidente, acto seguido y por el mismo motivo, que implicaba a un autobús
que no llevaba pasajeros, alentó comentarios como éste, muestra de la sabiduría popular,
Mira si yo fuera dentro. No podían imaginar los que así hablaban cuánta razón tenían. Por
la ceguera simultánea de los dos pilotos, no tardó un avión comercial en estrellarse e
incendiarse al tomar tierra, muriendo todos los pasajeros y tripulantes, pese a que, en este
caso, se encontraban en perfecto estado tanto la mecánica como la electrónica, según
revelaría el examen de la caja negra, única superviviente. Una tragedia de estas
dimensiones no era lo mismo que un vulgar accidente de autobús, la consecuencia fue que
perdieron las últimas ilusiones quienes aún las tenían, en adelante ya no se oirá ruido
alguno de motor, ninguna rueda, pequeña o grande, rápida o lenta, volverá a ponerse en
movimiento. Los que antes solían quejarse de las crecientes dificultades del tráfico,
peatones que a primera vista parecían ir sin rumbo cierto porque los coches, parados o
andando, constantemente les cortaban el camino, conductores que, tras haber dado mil y
tres vueltas hasta conseguir descubrir un lugar donde al fin aparcar el automóvil, se
convertían en peatones y protestaban por las mismas razones que éstos después de haber
andado reclamando por las suyas, todos ellos deberían estar ahora satisfechos, salvo por la
circunstancia manifiesta de que no habiendo ya quien se atreva a conducir un vehículo,
aunque sea para ir de aquí a la esquina, los coches, los camiones, las motos y hasta las
bicicletas, tan discretas, aparecen caóticamente estacionados por toda la ciudad,
abandonados en cualquier sitio donde el miedo haya sido más fuerte que el sentido de
propiedad, como evidenciaba grotescamente aquella grúa con un automóvil medio
levantado, suspendido del eje delantero, probablemente el primero en quedarse ciego había
sido el conductor de la grúa. Mala para todos, la situación, para los ciegos, era catastrófica,
dado que, según la expresión corriente, no podían ver dónde ponían los pies. Daba lástima
verlos tropezar con los coches abandonados, uno tras otro, desollándose las pantorrillas, al-
gunos caían y lloraban, Hay alguien ahí que me ayude a levantarme, pero los había
también, brutos por la desesperación o por naturaleza propia, que blasfemaban y
rechazaban la mano benemérita que acudía en su ayuda, Deje, deje, que también va a
llegarle su vez, entonces el compasivo se asustaba y se iba, huía perdiéndose en el espesor
de la niebla blanca, súbitamente consciente del riesgo en que su bondad le había hecho
incurrir, quién sabe si para ir a perder la vista unos pasos más allá.
Así están las cosas en el mundo de fuera, acabó el viejo de la venda negra, y no lo
sé todo, sólo hablo de lo que pude ver con mis propios ojos, aquí se interrumpió, hizo una
pausa y corrigió inmediatamente, Con mis ojos, no, porque sólo tenía uno, ahora ni ése, es
decir, sigo teniendo uno pero no me sirve, Nunca le pregunté por qué no llevaba un ojo de
cristal en vez del parche, Y para qué lo quería yo, a ver, dígame, dijo el viejo de la venda
negra, Se suele hacer, por estética, además, es mucho más higiénico, se lo quita uno, lo
lava, se lo pone, como las dentaduras, Sí señor, dígame entonces qué pasaría hoy si todos
los que están ahora ciegos hubiesen perdido, digo perdido materialmente, los dos ojos, de
qué les serviría ahora andar con dos ojos de cristal, Realmente, no serviría de nada, Si
acabamos todos ciegos, como parece que va a ocurrir, para qué queremos la estética, y en
cuanto a la higiene, dígame, doctor, qué higiene hay aquí, Probablemente, sólo en un
mundo de ciegos serán las cosas lo que realmente son, dijo el médico, Y las personas,
preguntó la chica de las gafas oscuras, Las personas también, nadie estará allí para verlas,
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