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Ensayo Sobre La Ceguera
José Saramago
Cuando salían de la sala, uno de los que acababan de llegar del ala opuesta preguntó, Quién
es ése, la respuesta vino del primer ciego, Es médico, un médico de los ojos, Ésta sí que es
buena, de lo mejor que he oído en mi vida, dijo el taxista, nos ha tocado el único médico
que no nos va a servir de nada, También nos ha tocado un taxista que no podrá llevarnos a
ninguna parte, respondió sarcástica la chica de las gafas oscuras.
La caja con la comida estaba en el zaguán. El médico le pidió a su mujer, Guíame
hasta la puerta de entrada, Para qué, Voy a decirles que tenemos un enfermo con una
infección grave y que no tenemos medicinas, Recuerda el aviso, Sí, pero quizá ante un caso
así, Lo dudo, También yo, pero nuestra obligación es intentarlo. En el zaguán, la luz del
día aturdió a la mujer, y no porque fuese demasiado intensa, por el cielo pasaban nubes
oscuras, quizá estuviera lloviendo, He perdido la costumbre de la claridad, en tan poco
tiempo, pensó. En aquel mismo instante, un guardián les gritó desde el portón, Alto, atrás,
tengo orden de disparar, y luego, en el mismo tono, apuntando el arma, Sargento, hay aquí
unos tipos que quieren salir, No queremos salir, negó el médico, Pues les aconsejo que
realmente no lo quieran, dijo el sargento mientras se acercaba, y, asomando tras las rejas
del portón, preguntó, Qué pasa, Una persona se hirió en una pierna y presenta una
infección, necesitamos inmediatamente antibióticos y otros medicamentos, Las órdenes
que tengo son muy claras, salir, no sale nadie, entrar, sólo comida, Si la infección se
agrava, que es lo más seguro, el caso puede rápidamente acabar de la peor manera posible,
Eso no es cosa mía, Hable entonces con sus superiores, dígaselo, Mire, ciego, con quien
voy a hablar es con usted, y le voy a decir una cosa, o vuelven usted y ésa ahora mismo ahí
dentro, o les pego un tiro, Vamos, dijo la mujer, no hay nada que hacer, no tienen ellos la
culpa, están llenos de miedo y obedecen órdenes, No quiero creer que esté ocurriendo esto,
va contra toda regla de humanidad, Mejor es que lo creas, porque nunca te has encontrado
ante una verdad tan evidente, Aún están ahí, gritó el sargento, voy a contar hasta tres, si a
las tres no han desaparecido de mi vista pueden estar seguros de que no volverán a entrar,
uuuno, dooos, trees, fue verlo y no verlo, y a los soldados, Ni aunque fuera un hermano
mío, no dijo a quién se refería, si al hombre que había venido a pedir los medicamentos o
al de la pierna infectada. Dentro, el herido quiso saber si iban a dejar pasar medicamentos,
Cómo sabe que fui a pedir medicinas, le preguntó al médico, Pensando, usted es médico,
Lo siento mucho, Eso quiere decir que los medicamentos no van a venir, Sí, Ah, bien.
Habían calculado justo la comida para cinco personas. Había botellas de leche y
galletas, pero quien calculó las raciones se olvidó de los vasos, tampoco había platos, ni
cubiertos, vendrían quizá con la comida del mediodía. La mujer del médico fue a dar de
beber al herido, pero éste vomitó. El taxista dijo que no le gustaba la leche y quiso saber si
había café. Algunos, tras haber comido, volvieron a acostarse, el primer ciego llevó a su
mujer a conocer los sitios, fueron los únicos que salieron de la sala. El dependiente de
farmacia pidió permiso para hablar con el señor doctor, le gustaría que el señor doctor le
dijera si tenía una opinión formada sobre la enfermedad, No creo que, propiamente, se le
pueda llamar enfermedad, comenzó precisando el médico, y luego, simplificando mucho,
resumió lo que había investigado en los libros antes de quedarse ciego. Unas camas más
allá, el taxista escuchaba atentamente, y, cuando el médico terminó su relato, dijo desde
lejos, Apuesto que lo que ha ocurrido es que se han atascado los canales que van de los
ojos a la sesera, Qué animal eres, dijo el dependiente de farmacia, Quién sabe, el médico
sonrió sin querer, realmente, los ojos no son más que unas lentes, como un objetivo, es el
cerebro quien realmente ve, igual que en una película la imagen aparece, y si esos canales
se han atascado, como dice aquí el señor, Eso es lo mismo que un carburador, si la gasolina
no consigue llegar, el motor no trabaja y el coche no anda, Nada más sencillo, como ve,
dijo el médico al dependiente de farmacia, Y cuánto tiempo cree usted, doctor, que vamos
a seguir aquí, preguntó la camarera de hotel, Por lo menos mientras estemos sin ver, Y
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