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Ensayo Sobre La Ceguera
José Saramago
Pasados dos días, el médico dijo, Me gustaría saber cómo está el consultorio, ahora
no servimos para nada ni él ni yo, pero puede que algún día volvamos a tener uso de los
ojos, los aparatos deben de estar allí, esperando, Vamos cuando quieras, dijo la mujer, aho-
ra mismo, Y podíamos aprovechar la salida para pasar por mi casa, si no os importa, dijo la
chica de las gafas oscuras, no es que crea que hayan vuelto mis padres, es sólo por
descargar la consciencia, Iremos también a tu casa, dijo la mujer del médico. Nadie más se
quiso unir a la expedición de reconocimiento de los domicilios, el primer ciego y la mujer
porque ya sabían lo que iban a encontrar, el viejo de la venda negra también lo sabía,
aunque no por las mismas razones, y el niño estrábico porque seguía sin recordar el
nombre de la calle donde había vivido. El tiempo estaba claro, parecía que se habían
acabado las lluvias, y el sol, aunque pálido, empezaba a sentirse en la piel, No sé cómo
vamos a vivir si el calor aprieta, dijo el médico, toda esa basura pudriéndose por ahí, los
animales muertos, quizá también personas, debe de haber gente muerta en las casas, lo
malo es que no estemos organizados, debería haber una organización en cada casa, en cada
calle, en cada barrio, Un gobierno, dijo la mujer, Una organización, el cuerpo también es
un sistema organizado, está vivo mientras se mantiene organizado, la muerte no es más que
el efecto de una desorganización, Y cómo podría organizarse una sociedad de ciegos para
que viva, Organizándose, organizarse ya es, en cierto modo, tener ojos, Quizá tengas
razón, pero la experiencia de esta ceguera sólo nos ha traído muerte y miseria, mis ojos,
como tu consultorio, no han servido para nada, Gracias a tus ojos estamos vivos, dijo la
chica de las gafas oscuras, También lo estaríamos si yo estuviera ciega, el mundo está lleno
de ciegos vivos, Creo que vamos a morir todos, es cuestión de tiempo, Morir siempre es
una cuestión de tiempo, dijo el médico, Pero morir sólo porque se está ciego debe de ser la
peor manera de morir, Morimos de enfermedades, de accidentes, de casualidades, Y ahora
moriremos también porque estamos ciegos, quiero decir que moriremos de ceguera y
cáncer, de ceguera y tuberculosis, de ceguera y sida, de ceguera e infarto, las enfermedades
podrán ser diferentes de persona a persona, pero lo que verdaderamente nos está matando
ahora es la ceguera, No somos inmortales, no podemos escapar a la muerte, pero al menos
deberíamos no ser ciegos, dijo la mujer del médico, Cómo, si esta ceguera es concreta y
real, dijo el médico, No tengo la certeza, dijo la mujer, Ni yo, dijo la chica de las gafas
oscuras.
No tuvieron que forzar la puerta, la abrieron normalmente, la llave estaba en el
llavero personal del médico, las dejó en casa cuando fueron llevados a la cuarentena. Aquí
está la sala de espera, dijo la mujer del médico, La sala donde yo estuve, dijo la chica de
las gafas oscuras, el sueño continúa, pero no sé qué sueño es, si el sueño de soñar que
estuve aquel día soñando que estoy aquí ciega, o el sueño de haber estado siempre ciega y
venir soñando al consultorio para curarme de una inflamación en los ojos en la que no ha-
bía ningún peligro de ceguera, La cuarentena no fue un sueño, dijo la mujer del médico,
Tampoco lo fue, no, como no lo fue la violación, Ni que yo apuñalara a un hombre,
Llévame al gabinete, podría llegar solo, pero llévame tú, dijo el médico. La puerta estaba
abierta. La mujer del médico dijo, Está todo revuelto, papeles por el suelo, se han llevado
los cajones del fichero, Serían los del ministerio, para no perder tiempo buscando, Pro-
bablemente, Y los aparatos, Por lo que se ve, parecen en orden, Menos mal, dijo el médico.
Avanzó solo, con los brazos extendidos, tocó la caja de las lentes, el oftalmoscopio, la
mesa, posó las manos en el cristal que la cubría, cubierto de polvo, después dijo, diri-
giéndose a la chica de las gafas oscuras, Comprendo lo que quieres decir cuando hablas de
vivir un sueño. Se sentó a la mesa con una sonrisa triste e irónica, como si se dirigiera a
alguien que estuviera allí, delante de él, Pues no, doctor, lo siento mucho pero su caso no
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