memorables sus enfrentamientos que
arrastran un público muy numeroso y bu-
llicioso. El “Rancho” Waldemar Rial fue una
de sus estrellas más rutilantes, pero son
innumerables las brillantes figuras surgi-
das en esta gloriosa institución.
El Centro Cultural Terminal Goes, sin
ninguna duda es un hito de ambos ba-
rrios, por lo que significa tener cerca
un espacio que no solo te brinde los más
variados espectáculos y acontecimientos,
sino también por la cantidad de talleres
y cursos que ofrece a la comunidad.
El nombre del sitio es casi una síntesis
de su rica historia. En este espacio fun-
cionó la terminal de tranvías que favore-
ció el crecimiento de la zona, cuando casi
nada había por estos lares. Cuando se
estableció que los tranvías no siguieran
funcionando en la ciudad, este lugar pasó
a pertenecer a AMDET, organismo crea-
do bajo la administración del Intendente
Germán Barbato convirtiéndose en termi-
nal y oficinas de los ómnibus de transporte
público municipales, que competían con las
empresas privadas. Cuando Amdet cerró
sus puertas, el lugar se convirtió en una
terminal de transportes interdepartamen-
tales hasta que finalmente culminó su me-
tamorfosis para ser este magnífico Centro
Cultural, que hoy tenemos.
La bohemia no es patrimonio de ningún
barrio particular, pero en Goes y Villa Mu-
ñoz fue muy notoria por contar con nume-
rosos bares y cantinas que hicieron histo-
ria y atraían a escritores, poetas, actores,
cantantes músicos y públicos en general.
El viejo Café Vaccaro fue, sin duda, un ba-
luarte en este aspecto y desde sus mesas
fueron innumerables las letras eternas de
poemas, canciones y crónicas que magní-
ficos creadores plasmaron para el deleite
muchos de nosotros. En sus altos los fines
de semana los bailes del “Ambasador Club”
le daban el toque musical y un brillo dife-
rente.
La esquina de General Flores y Domingo Aramburu donde se encontraba
el famoso cafe Vaccaro
La popular Cantina de Roque Santucci en
José L. Terra y Blandengues era muy visi-
tada por famosas figuras de la música, los
deportes y artistas que se veían asediados
por el cholulaje habitual y el popular “Man-
gacha”, vendedor de números de lotería,
afirmaba que le había vendido “la grande”
al mismísimo D`arienzo.
Frente a la estación de tranvías estaba
el famoso bar “Caballero” que se llenaba
de gente hasta altas horas de la madru-
gada. Tuvo mucho auge también, sobre la
calle San Fructuoso el “Gran Café, Bar y
Restaurante Los Vascos que después pasó
a llamarse “El Llano”, también con ilustre
clientela. En General Flores y Vilardebó, el
“Gordo” Alonso regenteaba su particular
“Almacén y Bar” donde el poeta Tito Caba-
no escribió su famoso tango “Un Boliche”.
La vieja Terminal de Goes hoy reconvertida en Centro Cultural
Pag 26
contramos con el bar “El Faro” y al lado
la antigua sede de la IASA con su can-
tina. No podemos dejar de mencionar la
antigua y famosa cantina “El Viejo Bu-
zón” en Hocquart e Inca, que tomó su
nombre gracias a un buzón de correo que
existe en ese lugar. En José L. Terra y
Domingo Aramburú está el boliche “La
Amistad” donde ensayaban Los Marinos
Cantores y Maritato pulsaba la guitarra.
Algunos de estos bares aún existen y los
otros siguen vigentes en el recuerdo y la
nostalgia de muchos parroquianos, porque
si Montevideo son los boliches, los boli-
ches son Montevideo..
Un boliche como tantos,
una mesa como hay muchas,
un borracho que serrucha
su sueño de copetín
Anibal Benitez
Si nos llegamos hasta Garibaldi nos en-
Pag 27