El Uru Revista Nº 44 | Page 26

memorables sus enfrentamientos que arrastran un público muy numeroso y bu- llicioso. El “Rancho” Waldemar Rial fue una de sus estrellas más rutilantes, pero son innumerables las brillantes figuras surgi- das en esta gloriosa institución. El Centro Cultural Terminal Goes, sin ninguna duda es un hito de ambos ba- rrios, por lo que significa tener cerca un espacio que no solo te brinde los más variados espectáculos y acontecimientos, sino también por la cantidad de talleres y cursos que ofrece a la comunidad. El nombre del sitio es casi una síntesis de su rica historia. En este espacio fun- cionó la terminal de tranvías que favore- ció el crecimiento de la zona, cuando casi nada había por estos lares. Cuando se estableció que los tranvías no siguieran funcionando en la ciudad, este lugar pasó a pertenecer a AMDET, organismo crea- do bajo la administración del Intendente Germán Barbato convirtiéndose en termi- nal y oficinas de los ómnibus de transporte público municipales, que competían con las empresas privadas. Cuando Amdet cerró sus puertas, el lugar se convirtió en una terminal de transportes interdepartamen- tales hasta que finalmente culminó su me- tamorfosis para ser este magnífico Centro Cultural, que hoy tenemos. La bohemia no es patrimonio de ningún barrio particular, pero en Goes y Villa Mu- ñoz fue muy notoria por contar con nume- rosos bares y cantinas que hicieron histo- ria y atraían a escritores, poetas, actores, cantantes músicos y públicos en general. El viejo Café Vaccaro fue, sin duda, un ba- luarte en este aspecto y desde sus mesas fueron innumerables las letras eternas de poemas, canciones y crónicas que magní- ficos creadores plasmaron para el deleite muchos de nosotros. En sus altos los fines de semana los bailes del “Ambasador Club” le daban el toque musical y un brillo dife- rente. La esquina de General Flores y Domingo Aramburu donde se encontraba el famoso cafe Vaccaro La popular Cantina de Roque Santucci en José L. Terra y Blandengues era muy visi- tada por famosas figuras de la música, los deportes y artistas que se veían asediados por el cholulaje habitual y el popular “Man- gacha”, vendedor de números de lotería, afirmaba que le había vendido “la grande” al mismísimo D`arienzo. Frente a la estación de tranvías estaba el famoso bar “Caballero” que se llenaba de gente hasta altas horas de la madru- gada. Tuvo mucho auge también, sobre la calle San Fructuoso el “Gran Café, Bar y Restaurante Los Vascos que después pasó a llamarse “El Llano”, también con ilustre clientela. En General Flores y Vilardebó, el “Gordo” Alonso regenteaba su particular “Almacén y Bar” donde el poeta Tito Caba- no escribió su famoso tango “Un Boliche”. La vieja Terminal de Goes hoy reconvertida en Centro Cultural Pag 26 contramos con el bar “El Faro” y al lado la antigua sede de la IASA con su can- tina. No podemos dejar de mencionar la antigua y famosa cantina “El Viejo Bu- zón” en Hocquart e Inca, que tomó su nombre gracias a un buzón de correo que existe en ese lugar. En José L. Terra y Domingo Aramburú está el boliche “La Amistad” donde ensayaban Los Marinos Cantores y Maritato pulsaba la guitarra. Algunos de estos bares aún existen y los otros siguen vigentes en el recuerdo y la nostalgia de muchos parroquianos, porque si Montevideo son los boliches, los boli- ches son Montevideo.. Un boliche como tantos, una mesa como hay muchas, un borracho que serrucha su sueño de copetín Anibal Benitez Si nos llegamos hasta Garibaldi nos en- Pag 27