CELEBRANDO NUESTRAS RAÍCES HONRANDO NUESTRO FUTURO.
Hoy, Carrillo tiene una vida construida desde cero sobre los escombros de lo que el sistema le arrebató. Su hija mayor tiene 35 años. Los pequeños, 12 y 9. A ninguno le ha dicho todavía que aquello podría haberles pasado a ellos también. Por ahora, prefiere que lo vean como lo que es: una historia de resistencia, no de advertencia.“ Vamos a algún sitio y la gente me reconoce por algún programa que vieron”, cuenta.“ Para ellos es algo que su padre sobrevivió. No algo que les da miedo”. Y en eso encuentra Carrillo una de sus mayores satisfacciones: haber salido de dos décadas de confinamiento sin convertirse en alguien que no quería ser.“ La cárcel puede destruirte la mente y el alma”, admite.“ Puede convertirte en alguien que no reconoces. Yo siento que no dejé que eso pasara”.
Lejos del rencor, ha convertido su historia en herramienta. Se ha involucrado en causas relacionadas con la reforma judicial y la defensa de exonerados, convencido de que su caso no puede quedarse en una anécdota personal, sino que debe servir para cambiar el sistema que lo destruyó.
Se supone que la gente va a prisión, paga su deuda con la sociedad y vuelve a casa para rehacer su vida. Pero mucha gente no acepta ese modelo. Quieren seguir juzgando, seguir etiquetando”
“ Hay una idea equivocada sobre cómo funciona esto”, dice.“ Se supone que la gente va a prisión, paga su deuda con la sociedad y vuelve a casa para rehacer su vida. Pero mucha gente no acepta ese modelo. Quieren seguir juzgando, seguir etiquetando”. Carrillo lleva años trabajando para que eso cambie, tanto para quienes estuvieron allí injustamente como para quienes estuvieron por razones legítimas.
Su historia ha trascendido los tribunales y llegado a audiencias mucho más amplias a través de la televisión y los documentales. Se ha vinculado también al activismo político, participando en iniciativas del Partido Demócrata orientadas a la justicia criminal y los derechos de las comunidades latinas. Para él, todo forma parte del mismo compromiso: el de ser, como repite, un embajador.“ Aunque yo no debería haber estado allí, también fui parte de ese mundo. Y siento que tengo la responsabilidad de representar a los que vuelven buscando una segunda oportunidad. ¿ Quiénes somos nosotros para juzgar?” ●
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