El Misterio de Belicena Villca El Misterio de Belicena Villca Edición 2017 | Página 557

¨El Misterio de Belicena Villca¨ Catamarca”; todo muy vago, Dr. Siegnagel. Cuentas bancarias cerradas, cambio de domicilio, abandono del trabajo, de los estudios, de las amistades: se diría que son los actos de quien desea borrar sus pasos, de alguien que huye. Pero Ud. no es un delincuente, no tenía motivos ni enemigos que lo obligasen a huir hace dos meses. ¿O es que entonces surgieron los misteriosos enemigos? Sí, Dr. Siegnagel. Cedí un tanto en mi posición y conecté su extraña conducta con el crimen del Hospital Neuropsiquiátrico. “Podría ser que allí hubo algo más, algo que forzó al Dr. a huir”, me dije, y me entregué a releer el expediente sobre el asesinato de Belicena Villca. ¿Y qué descubro? Pues que no prestamos la menor atención a las medallas judías que tenía en sus extremos la cuerda mortal. Quise saber, lo más pronto posible, qué decían las inscripciones y, sin respetar la siesta, me fui a la Universidad e indagué en una laberíntica sección, creo que se llamaba Departamento de Filología, hasta que dí con un increíble personaje llamado “Profesor Ramírez”. ¿Y qué me dice el Dr. Ramírez? Pues, el pobre hombre salió huyendo al saber que Yo era policía y al ver las fotos de las medallas. Tuve que convencerlo durante horas para que hablara. Resultó al fin que él le conocía muy bien a Ud. Que Ud. le había consultado hace tres meses sobre las mismas inscripciones, pero sin mencionarle el crimen (hizo bien, pues al conocerlo se le cerró automáticamente la boca). Y que atrás de todo esto hay una historia asombrosa en la cual están, como Yo decía Dr. Siegnagel, los malditos judíos. Sí; sí. Ya sé lo que piensa. Que Yo no sé distinguir a los Druidas de los judíos, ni soy capaz de comprender la estructura universal de la Sinarquía. Ud., como todo alemán, cree que nosotros somos idiotas. (¿Druida se dice? creo que así los nombr