El Misterio de Belicena Villca El Misterio de Belicena Villca Edición 2017 | Page 529

¨El Misterio de Belicena Villca¨ Yo asentí, dándole a entender que haría el papel de piloto suicida. –Pues entonces no hay nada más que hablar. Tomas una moto escolta, que ahora son completamente inútiles, y te lanzas por la gran avenida, cruzas la Puerta de Brandemburgo, y te internas en el Thiergarten; con suerte, en diez minutos estarás en la Gregorstrasse. Eso sí, debes tomar el Thiergarten a gran velocidad, más de cien km. por hora, para que los rusos no puedan afinar la puntería. Mientras tanto, nosotros los entretendremos con fuego a discreción ¿Estás de acuerdo? –Absolutamente de acuerdo. El plan es en verdad suicida, pero el único que me da alguna posibilidad, –acepté. –Has hecho bien en conservar ese traje ruso: es de oficial. Puede serte útil más adelante, puesto que hacia donde vas no hay alemanes sino rusos. Y tú hablas la lengua de los infrahumanos ¿no? Asentí con un gesto. Ya no tenía ganas de hablar, ni de bromear; sólo ansiaba partir a la aventura suicida. Comprendía que me jugaba el todo por el todo y sólo deseaba partir. Otto Meyer lo entendió así pero no cesó de hacer chistes hasta el fin. –Adiós Camarada –se despidió sonriendo–, la próxima vez que nos veamos me llevarás a pasear en sidecar. Ja, ja, ja. –Y tú en un Panzer de carrusel. Ja, ja, ja. Al final reímos ambos, y nos despedimos también para siempre. Capítulo XLII Crucé la avenida principal del Thiergarten acostado sobre un bólido que corría a más de cien kilómetros por hora, esquivando con refle