EL MERCADER DE VENECIA | Page 6

1 El ataque La muerte llega cuando quiere. A veces, silenciosa y repentinamente. A menudo, sin duda, inesperadamente. En aquel día de densa oscuridad, Sante Rossetto, Alvise Vianello y Marco Scarpa estaban remando con fuerza cruzando cañizales e islotes en los límites de la laguna. Algunos informadores infiltrados en el continente habían señalado la presencia de grupos de irregulares que podrían intentar entrar en la ciudad bajo falsas apariencias o realizar cualquier movimiento inesperado en islitas más lejanas y estratégicas. Hasta ese momento, las infiltraciones por parte de tropas regulares eran consideradas improbables, pero se temía que, con vistas a un ataque final contra la Serenísima, el enemigo pudiera crear una red de espías que constituy era una oscura amenaza a la seguridad. Hábiles remeros y magníficos regatistas, estos fuertes hombres de mar estaban acostumbrados a su habitual servicio de vigilancia y no sentían ninguna preocupación ni temor, y mucho menos peligro. La niebla se había vuelto muy espesa, pero los tres seguían remando con empeño sabiendo, sin ninguna duda, cuál era la ruta que debían seguir. Sante Rossetto, en popa, era un hombre alto y fornido, con una mandíbula grande y pronunciada y ojos negros un poco saltones. Alvise Vianello, en cambio, menudo y flaco, tenía los cabellos largos y pajizos. Marco Scarpa, a proa de aquella veloz batea, casi calvo y de mediana estatura, llevaba en la frente una ancha cinta roja. Rossetto y Scarpa eran muy amigos y a menudo pasaban las veladas juntos, cantando y bebiendo buen vino en compañía de sus respectivas prometidas, Mimosa y Rosetta, que amaban la buena cocina, preparaban excelentes manjares y les hacían reír, porque, como decía Mimosa: « Hombre que ríe, toca a su mujer» . Sucedió en un momento. De repente la barquita se encabritó de un modo raro, interrumpió bruscamente su curso y acabó dentro de una red tendida a ras del agua. Vianello y Scarpa perdieron el equilibrio y resbalaron hacia el fondo, mientras que el contragolpe hizo caer por la borda a Rossetto bajo la popa, y esto