ducha de agua caliente muy, pero que muy larga. Al cabo de un rato se sintió
algo mejor; el recuerdo de su encuentro con el ciberterrorista empezó a
desvanecerse, como si hubiera sido una desagradable pesadilla.
El resto del día lo pasó intentando olvidar todo. Corrió un par de kilómetros, se
echó una siesta y tomó un almuerzo perfecto: bocadillos, patatas fritas y
pepinillos. Al final se sentó en la silla para mantener su inevitable conversación
con Bry son y Sarah sobre las rarezas de Kaine. Cuando el audiopad proy ectó la
pantalla de red delante de Michael, y a había mensajes de sus dos amigos en el
Boletín.
Parecía que todos estaban de acuerdo. Los juegos eran juegos, pero tratar
con un tío psicótico que estaba aterrorizando a la gente y que no podía ser
combatido por una organización tan poderosa como la SRV, bueno, en opinión de
Michael, era algo muy distinto. Sus amigos admitieron que la oferta no había
estado mal, pero… No, gracias. Kaine era demasiado peligroso y hacía que las
amenazas de la SRV parecieran una nadería. La proeza de programación que
había realizado para atraparlos resultaba inimaginable.
Cuando se preguntaron si Michael debía informar a la SRV sobre la decisión
que había tomado con sus amigos, él supuso que no. No quería hablar con esa
gente. Con suerte, las amenazas habrían sido un farol. A lo mejor habían
planteado el mismo reto a una serie de jugadores, esperando que alguno
accediera. Michael no pretendía averiguarlo, tenía cierto miedo de volver al
Sueño, pero imaginaba que Kaine los dejaría en paz si no empezaban a meter las
narices donde no debían. Siempre que hicieran caso de su advertencia.
Michael y sus amigos terminaron la conversación diciendo que se
encontrarían más tarde en Sangre vital, que irían a jugar y dejarían atrás todo
aquel asunto.
Sin embargo, las cosas no fueron tal como habían planeado cuando, al cabo
de un rato, Michael se acomodó en el ataúd esa misma tarde. En lugar de
sumergirse en la Red Virtual, lo único que vio fueron unas grandes letras negras:
ACCESO DENEGADO POR LA SRV
3
Le habían bloqueado el acceso.
Michael salió del ataúd y corrió hacia el sillón, intentó encender su auricular;
no funcionaba. Corrió al sofá que estaba delante de la pantalla de pared y
toqueteó los botones del mando a distancia. Nada. Oy ó que Helga deambulaba
por el piso, resoplando y resollando, intentando hacer llamadas. Sin embargo
también los habían dejado sin cobertura de móvil. Michael regresó a la silla e
intentó hackear, como pudo, la pantalla de red, pero no hubo forma.