Hace dos años que importantes multinacionales del sector agroindustrial comenzaron a preparar al campo argentino para un negocio que promete crecer fuerte en los próximos años. Empresas como Bayer, Louis Dreyfus Company y Global Clean Energy Holdings se aliaron y empezaron a promover en el país el cultivo de camelina, una semilla con alto contenido oleoso que puede utilizarse para producir combustible sostenible para aviación.
La camelina no es la única apuesta. También aparecen la carinata y la colza, conocida como canola. Todas ganan protagonismo por su potencial para producir combustibles más amigables con el ambiente para la aviación.
La agenda ambiental europea y los compromisos vinculados a la reducción de emisiones aceleraron la búsqueda de nuevas alternativas energéticas. En ese escenario, Argentina empieza a posicionarse como un actor clave por sus condiciones productivas y su capacidad agrícola.
En 2019, la semillera australiana Nuseed y el grupo agroindustrial francés Grupo Avril desembarcaron en Santa Fe con un objetivo ambicioso: impulsar la producción de carinata en Argentina como parte del negocio global de los biocombustibles y las energías renovables.
Para avanzar en ese plan, contactaron a Mario Carignano, productor y asesor del centro santafesino. “Nos pidieron que en 10 años lleguemos a 500 mil hectáreas de carinata sembrada”, contó en diálogo con Punto biz. Tras seis campañas, ya superaron las 70 mil hectáreas.
La llegada de Grupo Avril se dio a través de Nuseed, la compañía que introdujo la carinata en el país. “Nosotros somos distribuidores de esa empresa y trabajamos con colza desde 2007 en nuestra zona”, explicó Carignano, titular de Agronomía Las Rosas y miembro de Crea Colonia Médici.
De datos a experiencia, los
beneficios de los nuevos cultivos
Mientras muchos exhibieron dudas ante la aparición de una nueva semilla, Carignano apostó por combinar su experiencia y conocimientos para “ver qué pasaba”.
Los resultados sorprendieron rápido. En la primera campaña la carinata dejó un margen bruto superior al trigo. Con el paso de los años, además, empezaron a notar mejoras en la biología del suelo, lo que impulsó al mejor rendimiento de los otros cultivos.
“Lo que notamos fue un cambio en la biología del suelo que hace que se activen sin necesidad de estar aumentando nutrientes externos”, valoró el productor.
Otro de los beneficios que destacan es el control de malezas, lo que permite reducir el uso de herbicidas. “Son semillas muy pequeñas que se siembran entre uno y medio y dos centímetros de profundidad y que, al desarrollar esas plántulas, generan una cobertura muy rápida del suelo y no dejan que entre la luz, evitando que germinen las malezas”, detalló.
La carinata es un cultivo de invierno que suele incorporarse en la rotación después del girasol o de la soja de primera, especialmente en determinadas zonas del centro-norte santafesino.
Una semilla que todavía
tiene desafíos
Aunque los resultados entusiasman, la expansión de estos cultivos todavía enfrenta algunos límites. “Una de las debilidades es que la planta puede ser susceptible a heladas cuando hay estrés hídrico”, explicó Carignano. Esa situación puede afectar los rindes, aunque aseguró que incluso en campañas complicadas hubo lotes que superaron al trigo tanto en producción como en margen económico.
Otro de los problemas es la falta de híbridos disponibles. Actualmente existe una oferta limitada y, en ambientes favorables, las plantas pueden crecer demasiado, alcanzando casi dos metros. Esto hace que la planta se vuelque y complique la cosecha.
“Estamos ensayando productos fitorreguladores para controlar el crecimiento de la planta. Todavía estamos a mitad de camino, porque es un cultivo que tiene apenas 15 años de desarrollo en el mundo”, señaló.
Pese a eso, Carignano está convencido del potencial económico del negocio. Lo compara con experiencias en Uruguay, donde algunas parcelas alcanzan rendimientos de hasta 6 mil kilos por hectárea y precios cercanos a los u$s500 por tonelada. “Cuando alcancemos esto en Argentina, desaparece el trigo en esta zona”, anunció.
La infraestructura para
sostener el crecimiento
Aunque el acuerdo entre Grupo Avril y Nuseed se cerró en 2019, recién este año se probó el procesamiento local de semillas de carinata, evitando exportar toda la producción sin valor agregado.
Mientras tanto, las multinacionales que impulsan estos nuevos cultivos avanzan en infraestructura y desarrollo industrial. Bunge exportó entre diciembre y enero el aceite obtenido por 90 mil hectáreas productivas argentinas, distribuidas en ocho provincias. En línea, impulsan alianzas estratégicas para asegurar la mejora genética y optimizar los destinos comerciales de la producción.
A fines de enero, Louis Dreyfus Company inauguró una nueva línea de molienda especializada en su complejo de Timbúes. La compañía invirtió u$s30 M en una planta capaz de procesar hasta 3 mil toneladas diarias de camelina, carinata, canola y girasol.
“Esta incorporación mejora la eficiencia operativa del complejo durante todo el año y permite integrar una gama más amplia de cultivos a la operación regional”, explicó Fernando Correa, head regional de Oleaginosas de LDC para Latinoamérica Sur y Oeste.
La empresa comenzó en 2023 a promover cultivos intermedios dentro de esquemas de rotación agrícola, con foco en brasicáceas como la camelina, junto a Camelina Company, parte del grupo Grapevine Energy. “Esta alianza está dedicada a expandir el cultivo de camelina en Sudamérica durante la próxima década”, afirmaron desde la compañía.
Grapevine Energy cuenta con 19 años de trayectoria en biocombustibles y energías renovables. En 2023 se consolidó como el principal productor mundial de camelina, con más de 25 mil hectáreas contratadas entre Estados Unidos, Sudamérica y Europa.
Además de expandir la superficie sembrada, la firma desarrolla nuevas variedades para adaptar la camelina a distintos suelos y esquemas productivos.
Carbono, trazabilidad
y agricultura regenerativa
Otro de los jugadores que busca posicionarse en este nuevo esquema es Bayer. Durante Expoagro 2026, la compañía presentó su programa PRO Carbono, una plataforma enfocada en soluciones regenerativas para Latinoamérica.
La iniciativa apunta a conectar productores que trabajan con medición de carbono, trazabilidad y prácticas regenerativas, generando valor ambiental y económico a través de datos verificables.
“El uso de estos cultivos está alineado con la visión de Bayer de una agricultura regenerativa: producir más con menos y restaurar más, impulsando sistemas que mejoran la productividad mientras recuperan la salud del suelo”, señalaron desde la empresa.
Detrás de la expansión de estas semillas aparece un cambio más profundo. Ya no se trata solamente de sumar un nuevo cultivo a la rotación agrícola, sino de adaptar el campo argentino a una demanda global que empieza a exigir menor huella ambiental, trazabilidad y producción sustentable.
Del biodiésel al combustible
para aviones
El avance de los cultivos responde a un cambio profundo en el negocio global de los biocombustibles. Durante años, Europa endureció las regulaciones sobre el biodiésel elaborado a base de soja, cuestionando su impacto ambiental y su vínculo con cultivos destinados a la alimentación.
En ese escenario, las nuevas oleaginosas comenzaron a ganar terreno porque permiten producir Sustainable Aviation Fuel (SAF), el combustible sostenible para aviación que hoy aparece como una de las grandes apuestas de la transición energética mundial.
“La carinata creció porque los europeos querían un cultivo que produjera aceite para aviones, que emitiera menos gases de efecto invernadero, pero que no compitiera con un alimento”, resumió Mario Carignano.
La presión internacional no es menor. La aviación es uno de los sectores más difíciles de descarbonizar. Por eso, distintos países comenzaron a exigir cortes obligatorios de combustibles sostenibles en vuelos comerciales, y las grandes empresas preparan al campo argentino para ser los proveedores que hagan posible este cambio.
Camelina, colza y carinata, las semillas que sacuden al agro global y preparan a Argentina como proveedora del mercado verde europeo.
COSECHA Y ENERGÍAS RENOVABLES
El campo argentino siembra
el combustible del futuro
Por COSTANZA GROSSO
La carinata es parte del negocio de biocombustibles y energías renovables.
Mario Carignano, productor y asesor.