El paso de las grandes muestras agrícolas, con Expoagro como punto de partida y una Agroactiva que terminó de sellar la tendencia, dejó mucho más que un desfile de fierros. Las rondas de negocios perfilaron un mercado que recupera dinamismo tras varios años de sequía, aunque bajo nuevas reglas de juego.
El rubro de la maquinaria ya no se define sólo por el rinde del campo, sino por una combinación de fuerzas en la que el regreso del crédito y la apuesta de la industria local por la cercanía conviven con una oferta global heterogénea.
La apertura comercial sentó en las dos ferias a marcas chinas con las multinacionales que históricamente lideraron el sector. El agro vive su propia “oleada externa”, tal como ocurrió con el mercado automotor o de tecnología de consumo masivo: más competidores, mayor diversidad de equipos y un escenario que obliga a las terminales y fabricantes locales a redefinir estrategias para defender su participación.
La novedad en 2026 no fue el producto chino en sí, sino la eliminación de intermediarios. Muchas empresas asiáticas que antes proveían a firmas argentinas participaron de forma directa para posicionar sus propias líneas.
Entre mejores rindes
y más financiamiento
Si hace cinco años la discusión sectorial estaba estancada en la caída de ventas y la falta de perspectivas, este primer trimestre marcó un punto de inflexión. Según datos de la División de Maquinaria Agrícola de Acara, cerró con 1.291 unidades patentadas, lo que representa un crecimiento del 5,3% respecto al mismo período de 2025. El repunte se profundizó en abril, con un salto interanual del 88,1% en los patentamientos, aunque al cierre de esta edición todavía no se habían difundido los números de mayo.
“El gran motor en este momento es el crédito, además de la buena cosecha que generó el ánimo necesario para tomarlo. Ese crédito con mala cosecha no dinamiza ni parecido a lo que fue este marzo, abril y mayo”, sostuvo a Punto biz Gerardo Criolani, director del Grupo Criolani, firma que comercializa marcas como Case IH, Bauer, JCB, Crucianelli, MacDon, entre otras.
Para el ejecutivo, la aparición de líneas de financiamiento, especialmente del Banco Nación con plazos a cinco años y tasas competitivas, transformó el buen semblante de la campaña en decisiones concretas de inversión.
Hernán Zubeldía, presidente de la Cámara de Fabricantes de Maquinaria Agrícola (Cafma), coincidió con ese punto: “Vimos un clima distinto en las ferias y en el mercado. Si la cosecha mantiene este nivel y se sostiene cierta estabilidad, creemos que el productor y el contratista van a seguir invirtiendo. Hay una oportunidad concreta para recuperar parte de lo que se perdió en el último tiempo”.
El optimismo financiero también se apoya en un cambio de comportamiento del productor. Criolani observó que, a diferencia de años anteriores en los que se buscaba el precio de lista más bajo, en 2026 la prioridad es el plazo. La aparición de préstamos con tasas fijas en dólares y el regreso del sistema de canje de granos permitieron que, aunque los equipos tengan un valor nominal superior en moneda dura, la relación costo-beneficio resulte atractiva para renovar el parque.
Competir con eficiencia y cercanía
Lo cierto es que la irrupción de marcas chinas puso el foco en un debate que va más allá del precio del equipo. Desde Cafma remarcaron que detrás de cada máquina hay una red de proveedores y desarrollo tecnológico que sostiene al sistema productivo. “El tipo que está sentado arriba de un tractor está haciendo mucho más que enterrar una semilla. Hay una cadena de valor atrás que tiene que ver con ingeniería y desarrollo”, resaltó Zubeldía.
En ese sentido, aseguró que es vital mantener una “reciprocidad” con los agropartistas en un momento en el que la importación presiona los márgenes: “Nosotros no vendemos solamente un producto y nuestro proveedor tampoco nos vende solamente un producto: hay un servicio, una trayectoria y una ingeniería”.
Frente al avance asiático, los locales están encontrando su fuerte en el “estar ahí”. Saben que, cuando las papas queman, la verdadera diferencia está en quién atiende el teléfono y llega rápido al campo. “Tenemos que ser competitivos y estar cerca del cliente, con un servicio de posventa diferencial y respuestas rápidas ante cualquier problema. Esa sigue siendo la herramienta más eficiente”, afirmó Criolani.
Aunque la tecnología global avance, el respaldo técnico inclina la balanza para el productor que no puede permitirse tener una máquina parada en plena campaña.
Pero la respuesta de la industria argentina no sólo pasa por la competencia directa, sino también por la integración inteligente. Un caso testigo es el de la firma Ombú, que combinó su liderazgo con la introducción de tecnología asiática bajo parámetros específicos. Martín Carrizo, gerente comercial, detalló la estrategia detrás de este modelo: “Fuimos a China y les dijimos ‘necesitamos un tractor para Argentina con tales cualidades’. Lo reformamos y lo introdujimos al mercado interno; por ahora nos está yendo bien”.
Carrizo explicó que esta capacidad de adaptar soluciones externas a las necesidades del productor es lo que permite a las terminales locales sostener su posicionamiento. En ese camino, Ombú consolidó una alianza estratégica con MB Maquinarias para comercializar la línea de tractores Traxor, fabricados en China por la compañía Jiangsu Dafeng Machinery Group Co.
El trabajo con las industrias chinas no es una simple compra por catálogo; requiere que los ingenieros argentinos definan especificaciones de potencia, peso y rodados que se adapten a la siembra directa, un estándar en el que el país es referente. “Si no hay una adaptación al uso real que le da el contratista argentino, la máquina no dura una campaña”, aseguró.
El desafío de la infraestructura
Un punto que sobrevoló las charlas fue la brecha de inversión respecto a los competidores regionales. Zubeldía advirtió que, si se mide por tonelada producida, la inversión en maquinaria que tienen Brasil o Estados Unidos es mucho más importante que la local. Este rezago se compensa, en parte, con la capacidad del contratista argentino para operar en condiciones adversas de infraestructura vial y logística.
Según el titular de Cafma, la inversión local por hectárea está un 30% por debajo del promedio de Brasil, una brecha que la industria nacional intenta suplir con ingenio y adaptabilidad técnica, pero que requiere una estabilidad macroeconómica de largo plazo para cerrarse.
El sector busca que este 2026 sea el año de la recuperación definitiva, apoyado en una inercia que, según los protagonistas, debería sostenerse más allá de las ferias. Para Criolani, la clave del segundo semestre estará en sostener un escenario ordenado: “Si el crédito se mantiene y la brecha cambiaria no se dispara, el productor va a seguir transformando sus granos en tecnología. Ya pasamos lo peor de la sequía y hoy el ánimo es otro”.
Por su parte, Carrizo señaló que el desafío para lo que resta del almanaque será el cumplimiento de las entregas y la consolidación de los nuevos modelos. “El termómetro estará en ver cómo responden las nuevas líneas en plena campaña. Si los resultados son buenos, el mercado va a terminar de validar este camino de apertura y adaptación”, cerró.
El repunte de la cosecha y el crédito
devolvieron dinamismo al mercado. La oferta china gana terreno.
ESCENARIO RENOVADO
La apertura comercial reconfigura el negocio
de los fierros
Fabricantes locales redefinen estrategias frente al avance externo.
En el grupo Criolani ven un gran motor en el crédito.
Por MARCIA CARRARA
Carlos Meneguzzi, gerente de La Segunda ART, y la doctora María Belluccia.