El intríngulis de la nueva campaña Mayo 2026 | Page 29

La campaña 2025/26 arranca bajo el fuego del conflicto en Medio Oriente, pero también sobre el agua abundante que suelen proveer los años Niño. El clima manda a sembrar, pero el aumento de los costos derivados de la guerra invitan a moderar el entusiasmo. En este escenario, se juega una partida con márgenes ajustados.

El trigo es la primera parada del nuevo ciclo. La Bolsa de Cereales de Buenos Aires calculó que se implantarán 6,5 millones de hectáreas a nivel nacional, un 3% menos que el año anterior aunque 2,8% más que el promedio de las últimas cinco campañas. En la zona núcleo la tendencia es a la baja y en el sur crece la intención de desplazamiento hacia cultivos alternativos de invierno como cebada, carinata o colza. Su par de Rosario estimó un recorte algo mayor: 500.000 hectáreas, 17% menos que en el ciclo anterior.

Hasta hace dos campañas, la decisión de sembrar dependía de la humedad. Pero el nuevo ciclo llega con “excelente carga de los perfiles hídricos” y una “proyección de año Niño que comenzaría a manifestarse desde el invierno”, señalan en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. Para Daniel Miralles, docente de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (Fauba), “todo indica que puede ser un año muy bueno desde el punto de vista ambiental”.

Pero el foco de preocupación está ahora en la rentabilidad y el costo de los fertilizantes.

Sobre todo de la urea, que llegó a costar hasta u$s 1.000 por tonelada en el pico de la tensión en Medio Oriente. “El trigo va por escalera y la urea por ascensor”, señalaron los técnicos consultados por la red GEA. De hecho, sus encuestas recogen que este año prácticamente no se hicieron compras anticipadas del insumo.

Por el estrecho de Ormuz, epicentro del conflicto bélico, pasa un quinto del comercio global de petróleo, un cuarto del flujo de GNL y un tercio del de fertilizantes. Su bloqueo puso en jaque la cadena de abastecimiento.

“Más allá de la posibilidad de que se encuentre una resolución parcial o total del conflicto, la masiva destrucción de capital ya consumada hace imposible un restablecimiento inmediato de suministros a niveles pre guerra”, advirtieron en un reciente informe los economistas Matías Contardi, Florencia Poeta, Cristian Russo, Bruno Ferrari y Julio Calzada.

En el estudio realizado para la Bolsa de Rosario describieron el impacto de esta dinámica en el agro argentino: el precio del gasoil en el surtidor aumentó 34% en el año, valuado en dólares, y la cotización mayorista a nivel doméstico para urea se disparó un 77% respecto a enero del 2026. Esto fue casi cinco veces más que el precio del trigo. A principios de 2026 se necesitaban 2,7 toneladas del cereal para comprar una de urea pensando para la siembra 2026/27. En abril se requerían ya 4,3 toneladas.

Teniendo en cuenta un sistema modelo de 150 hectáreas, una distancia al puerto de 150 kilómetros y las cotizaciones pertinentes para cada momento, la entidad estimó que el margen para la producción de trigo en campo propio, con 40 qq/ha de objetivo, habría caído un 43% desde el 13 de marzo hasta el 10 de abril. En campo alquilado bajó 54%.

“Entre febrero y abril el costo total de producción se incrementó casi un 17%”, dijeron los economistas de la entidad. Los márgenes teóricos siguen dando positivo en los planteos que contemplan el doble cultivo de trigo con soja de segunda, considerando un rinde de 35 qq/ha. Pero cada vez es de menor magnitud, en abril estimaron un margen neto de campo alquilado de u$s 13 por hectárea, 80% menos que en febrero.

Estos misiles hicieron blanco en la confianza del productor. El Agbarometer que elabora el Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral marcó un quiebre tras los máximos de 2025. El índice bajó 16%, de 158 a 132 puntos, entre el primer y segundo bimestre del año. “El cambio de tendencia responde, en gran medida, al impacto del contexto internacional sobre los costos de producción”, explicó Carlos Steiger, director del estudio.

El 66% de los productores identifica el aumento de los insumos en dólares como el principal desafío para los próximos doce meses, seguido de lejos por el clima (35%). El 61% percibe un escenario desfavorable para la campaña de trigo. En consecuencia, el 41% prevé reducir el área sembrada.

Steiger agregó que, aunque hubo cierta baja, las tasas de interés “siguen siendo un factor limitante”. El punto es interesante porque no todo es guerra y clima en el Excel del agro. Si bien el stock de créditos al sector alcanzó un récord de $ 6 billones a fines de 2025, cambió la composición. El 73% del monto prestado está en dólares. El financiamiento en ese moneda subió 115% interanual, pero el monto en pesos bajó 17%.

Las tasas en pesos, que resultaron negativas en casi la mitad del período de 2000 a 2025, se volvieron muy positivas sobre el final del último año: 29,8%, la más alta desde el inicio de la serie, según auscultó la Bolsa de Rosario.

En este contexto, la Confederación Intercooperativa Agropecuaria (Coninagro) propuso eliminar las retenciones al trigo, actualmente del 7,5%. “Sobre un precio FOB proyectado a cosecha de u$s 240 / tn, representan una quita de u$s 18 por tonelada”, señalaron los técnicos cooperativistas. Y calcularon que, bajo un rendimiento promedio de 40 qq / ha, se generaría un beneficio directo de u$s 72 / ha, permitiendo cubrir el 65% del incremento de costos provocado por la crisis en Medio Oriente.

Para la entidad, estas medidas “no deben verse como un gasto, sino como una inversión necesaria para garantizar la siembra y exportaciones superiores a los u$s 3.000 millones”. Coninagro prevé una exportación de 12,9 millones de toneladas de trigo en el ciclo 2026/27. De acuerdo con sus estimaciones, producir una hectárea costará u$s 110,30 más caro que antes del conflicto. Miralles, de Fauba, estimó que el productor enfrenta inversiones cercanas a los 1.500 dólares por hectárea en sistemas como trigo/soja de segunda, con márgenes ajustados.

Pero a la hora de definir el plan de producción, también juega el mundo. De acuerdo con el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (Usda), el mercado entraría en la campaña 2026/27 con un balance relativamente holgado, tras un récord de 844,15 millones de toneladas en el ciclo anterior. Pero Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, advirtió que la combinación de conflicto bélico, recorte de oferta en países clave y compras de cobertura está impulsando un fuerte rally del trigo.

“El mercado internacional está muy alcista, con compradores que buscan cubrirse y una oferta que empieza a mostrar señales de debilidad en los principales países productores”, señaló. La necesidad de construir stocks de seguridad cambió la lógica: “Pasamos de la preocupación por excedentes a un escenario en el que la disponibilidad empieza a ser una incógnita”.

Por el lado de la oferta, se espera menor producción en Australia y Canadá, a la vez que la sequía afecta al trigo de invierno en Estados Unidos. En Argentina, el clima promete transitar desde un escenario de implantación con humedad ajustada y riesgos de heladas tempranas, hacia una fase de definición de rendimiento con óptima disponibilidad hídrica, lo que plantea un escenario de alta potencialidad productiva, según la Bolsa de Cereales.

Sin embargo, un fantasma recorre los cielos: el del súper Niño. Los grandes montos de lluvias de las últimas semanas de marzo y los acumulados de abril dejaron al agro con miedo, que es mayor por los rumores de que el calentamiento del Océano Pacífico produciría esta vez un fenómeno “desmedido y sin precedentes en tres décadas”.

Alfredo Elorriaga, consultor de la Guía Estratégica para el Agro (GEA), achicó el pánico. “Niño sí, súper Niño, por ahora, no”, aclaró.

Según sus estimaciones, hay buenas perspectivas de lluvias a partir de la primavera para la definición del trigo y el ciclo de la siembra gruesa de Argentina. También prevé lluvias normales en el semestre frío.

Las previsiones para los cultivos del próximo verano todavía son bocetos. Para el ciclo que va cerrando, el gobierno espera una producción final superior a las 160 millones de toneladas. Se anota allí el récord de 24,5 millones de toneladas de trigo, una cosecha de maíz hoy calculada en 67 millones, más 49 millones de soja y 7,3 millones de girasol, que sostendría su boom para la próxima campaña.

Atento a estos volúmenes, la Bolsa de Rosario ajustó la previsión de liquidación de divisas del agro en 2026, a u$s 35.375 millones. No obstante, en el primer cuatrimestre, el ingreso se redujo 11% interanual, en parte porque se embarcó gran parte de la producción vendida el año pasado con retenciones cero. Pero también porque la ecuación entre precios, dólar y retenciones, invita a la cautela.

El aumento de los costos que provocó el conflicto en Medio Oriente tensiona un ciclo productivo que arranca con buenas perspectivas ambientales. El trigo, la primera parada.

NOTA DE TAPA.

La fórmula se aplicó con éxito

en Brasil y Chile.

La nueva campaña

viene con agua, pero

está bajo fuego

Por ÁLVARO TORRIGLIA

La urea llegó a costar u$s 1.000 por tonelada.

Dante Romano (Universidad Austral) y Daniel Miralles (Fauba).

El nuevo ciclo llega con excelente carga de perfiles hídricos.