EL HIJO DEL VIENTO El Hijo del Viento - Henning Mankell | Page 246
En el archivo de Windhoek no encontró ningún documento que le aportase
información nueva sobre Daniel y Hans Bengler, ni tampoco sobre Wilhelm
Andersson. Sin embargo, se pasó un día entero hojeando grandes archivadores
con fotografías tomadas por un fotógrafo inglés, Frank Hodgson, durante sus
viajes por lo que se llamaba la Suráfrica occidental alemana, en la década de
1870, la época en que Daniel emprendió su largo viaje a Suecia.
Una de las fotografías era un retrato de un hombre, una mujer y un niño. Se
habían colocado en línea ante la cámara, el niño delante de los dos adultos. Se
parecía mucho a Daniel, tal y como se lo veía en el retrato del estudio de Lund.
Y se dijo que así serían Be, Kiko y Daniel, el cual, entonces, se llamaba sin duda
de otro modo, aunque nadie sabría nunca cómo.
Al salir del Archivo Nacional, donde disfrutó del fresco del aire
acondicionado, sintió el azote implacable del aire tórrido de fuera.
Dos días después recorrió el mismo camino en dirección contraria. Cuando
llegó al lugar donde había contado la historia, se detuvo y bajó del coche. En
Windhoek se había comprado unos prismáticos, con los que se puso a observar el
desierto. Pero no había un alma. No se veía gente por ninguna parte. No se
atrevió a esperar mucho rato, pues quería llegar a Ganzi antes de que cay ese la
noche.
Pero el desierto seguía estando vacío. Prosiguió su viaje. Llegó a Ganzi poco
antes del ocaso.
Unos años después, escribió este libro, que termina aquí.