Sintió la imperiosa necesidad sentarse cuanto antes si no quería desplomarse sobre el rígido y frío pavimento de hormigón pulido que , de manera uniforme , se extendía por aquel garaje reconvertido en prisión . Se acomodó a duras penas y bebió un trago de agua de un botellín que siempre llevaba en el coche . Estaba caliente y le provocó una intensa arcada . La temperatura del líquido solo podía significar que llevaba allí dentro más horas de las que pensaba .
El reposo y la hidratación hicieron efecto en cuestión de minutos . Ya se encontraba algo mejor . Suspiró marcadamente e introdujo la llave en el contacto . Sus movimientos eran tan lentos y meditados que resultaba imposible no acertar en la ranura . Arrancó y , sin saber muy bien por qué , hizo sonar el claxon de forma compulsiva . Las lágrimas recorrían sus mejillas mientras golpeaba el volante una y otra vez .
Al rato del improvisado y estridente concierto acústico , obtuvo el resultado más desconcertante e insospechado .
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