y corriente. — Además, hoy estas preciosa— Se sonrojó y él supo que conseguiría la confianza
de una manera u otra. Solo tenía que jugar bien sus cartas. —De acuerdo. Me encanta la
pizza—Contestó. —Perfecto, espérame cuando acabe tu jornada. —Claro. Björn se levantó y
despidió. Dirigiéndose a su despacho miró en dirección a Marlene que había estado todo el
rato observando, sonriéndole de manera socarrona, la mujer se giró apretando el puño,
encolerizada. Si Björn quería jugar con la mosquita muerta, le dejaría. Acabaría llorando
postrado a sus pies. Eso ella lo sabía
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