COLABORACIONES
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#EFECTOSOTO
Estaba pensando en ese concepto abstracto pero robusto que conocemos bien como Efecto Soto. Un día se le puso nombre pero supongo que existía desde siempre, o como mínimo desde que Julia calzaba las zapatillas de cancha. Pero entonces no había almohadillas ni hastags, viralizar los conceptos era más complicado.
El Efecto Soto te envuelve a través de una relación familiar, amistosa o vecinal. Conocemos a alguien que pertenece al club o nosotros mismos llegamos a ser parte activa de él, de esta manera el torbellino Efecto Soto nos absorbe. Un día estamos dentro, sin escapatoria pero sin ningún remordimiento por dejar de lado asuntos "más importantes". Simplemente ocurre.
Cuánto hay de intangible en los sentimientos relativos a los amores deportivos tiene
también una motivación desconocida. Sabemos cuál es nuestro equipo favorito pero a
menudo se olvida la razón de ese amor, el inicio o el motivo que alimenta esa irracional
emoción. Existe, se siente, pero ni se explica ni se puede exigir explicación y es absurdo
preguntarse cómo empezó todo. Igualmente, a menudo es imposible explicar por qué
continuamos apoyando una empresa que tantos sinsabores nos aporta.
Una de las mejores aproximaciones que he podido encontrar acerca de estos asuntos fue la aportada por Nick Hornby en el estupendo libro "Fiebre en las gradas". Amante del Arsenal, y por lo tanto condenado a alternar largas épocas de desengaño con pequeños oasis de triunfos y buen fútbol, Hornby intenta desentrañar los misterios de las pasiones deportivas a
EL #EFECTOSOTO Y LAS PASIONES MÁS ALLÁ DEL DEPORTE
Raúl Terrón