Desarrollar la educación ambiental constituye un gran desafío en los contextos escolares y comunitarios del país, exigiendo replantear estilos y prácticas de vida, los sentidos de la educación y sobre todo revalorizar los contextos del entorno; personas y espacios como permanentes fuentes de aprendizaje en la escuela y fuera de ella.
En este contexto parece pertinente acordar unas definiciones básicas susceptibles de considerar al momento de diseñar proyectos y estrategias innovativas en el contexto educativo nacional.
Llevar a la práctica la inclusión de la educación ambiental
requiere de una organización escolar que permita
imbricarla en el tratamiento de todo el quehacer que
implica la experiencia escolar, sin duda, que los espacios
que ofrece hoy día el curriculum escolar permiten aportar
desde la educación ambiental a la formación de los
estudiantes, especialmente al desarrollo de una
ciudadanía que se reconozca parte del mundo natural y
conviva armónicamente en él.
“Un pájaro posado en un árbol nunca tiene miedo a que la rama se rompa, porque su confianza no está en la rama, sino en sus propias alas”.