Economía Diciembre 2013 | Page 33

Sobrevivieron entonces inflación y devaluación; desplome de la producción agrícola, industrial y minera; cierre de establecimientos mercantiles y fábricas, y carencia de materias primas e insumos. Con ello vinieron también el desempleo y la fuga de capitales, así como insuficiencia, acaparamiento y mercado negro de productos. Adicionalmente la guerra civil destruyo e hizo inseguras vías férreas y caminos, dificultando la comunicación y el comercio entre las diferentes regiones del territorio. Mientras, a nivel social, se acentúo la pobreza, bajando aún mas la calidad de vida de las mayorías hasta niveles de hambre, mendicidad y migración masivas, debido a la carestía y a la escasez de alimentos y de otros satisfactores. En medio de las causas y efectos del caos nacional, el presidente Venustiano Carranza (1917-1920) se alzó con un proyecto de recomposición política y económica basado en una nueva Constitución pero distante de las reivindicaciones sociales del resto de los caudillos revolucionarios. Superaba al régimen Porfirista, pero sin alterar su estructura clasista; acercándose a los grandes comerciantes, industriales y terratenientes, a muchos de los cuales- para conseguir su apoyo financiero-les devolvió propiedades confiscadas, además de favorecer con algunas a sus allegados. A las clases populares, motivo y participantes decisivos en el proceso revolucionario, solo les otorgo ciertos derechos a favor de obreros y campesinos consignados en la carta Magna. Concluida la etapa armada del movimiento, como explica Jorge Basurto, especialista del Instituto de Investigaciones Sociales a la UNAM, “la paz no trajo consecuencias inmediatas; todas las medidas tardaron en dar frutos. Las causas y efectos de la crisis fueron tales que no terminaron con el fin de las hostilidades, los constitucionalistas; habrían de pasar varios meses, incluso años, antes de que la sociedad lograra regresar a los niveles económicos, productivos y financieros anteriores a la Revolución.!. Esto último se consiguió en el curso de la década de los veinte, una etapa de relativa estabilidad propicia para la denominada reconstrucción nacional, cuando la minería, la agricultura y la industria fueron recuperando sus niveles, al igual que las exportaciones. Surgió el sector de la energía hidráulica, desplazando al vapor en la generación de electricidad. Además, con el declive del ferrocarril y el auge de los vehículos automotores para el transporte de carga y pasajeros, se impulso la construcción de la infraestructura carretera. Asimismo se estimularon las telecomunicaciones, con la participación de capitales externos ya fuera en calidad de préstamo o inversión.