Así pues, de acuerdo con el cálculo de los daños causados por la lucha armada en
la economía nacional dado a conocer por José María Quirós e Memoria de estatuó
(1817), las mayores perdidas fueron en el circulante ( principalmente plata,
786,000,000 de pesos), seguido de la agricultura (70,000,000), la
minería(20,000,000)la industria (11,818,000).
Una vez consumada la Independencia, en 1821, la crisis económica detonada con
la guerra aumento por efecto del caos político y social prevaleciente a lo largo de
las siguientes seis décadas. Tras el gobierno de Guadalupe Victoria (1824-1828),
el único que completo su periodo desde la consumación hasta mediados del siglo
XIX, “los siguientes veinte años la Republica se rigió bajo tres constituciones,
veinte gobiernos y mas de cien gabinetes. Como las administraciones siguientes
dieron prueba de su incapacidad para mantener el orden y proteger las vidas >
< y la propiedad, el país se sumió en la anarquía. El miedo y la incertidumbre se
hicieron frecuentes”, expone el historiador Jaime Rodríguez.
Durante esas dos décadas , en la ahora Republica Mexicana la disolución social se
hizo presente en hecho como, por ejemplo, el que exsoldados se convirtieran en
bandidos que asaltaban en caminos y pueblos, afectando actividades tan
importantes como el comercio. Además la guerra continúo ahora entre federalistas
y centralistas, liberales y conservadores, en su lucha para alcanzar el poder e
imponer sus respectivos modelos de país. Por si fuera poco, a la invasión de
España (1829) siguieron la francesa (1838) y la estadounidense (1847), que
culminaría esta última con la pérdida de más de la mitad del territorio nacional.
El gran efecto de la inestabilidad político-social y la permanente situación bélica fue
la caída en los ingresos públicos, considerablemente altos durante la época
colonial, al descender en su promedio anual de 24 millones de pesos en aquella
etapa a 12.5 millones en el naciente Estado mexicano, según cifras publicadas en
la Memoria del Ministerio de Hacienda, 1823-1850. Este desplome en el ingreso
del gobierno era un reflejo de la baja en la producción de plata, que paso en su
promedio anual de 25millones de pesos a 11 millones, así como de la disminución
en las exportaciones, que cayeron de 20 millones a 9.5 millones de pesos.
Para reactivar la economía se requería capital. Pero éste escaseaba en virtud del
colapso del sistema crediticio y la desconfianza para invertir por parte de los
dueños del dinero en México debido a la situación del país. De ahí que se
recurriera a prestamos e inversión externa, sin embargo no eran suficientes para
contribuir a la recuperación de los sectores económicos afectados.
Otro efecto de la guerra y el caos fue
el desmantelamiento de industrias
como la textil, con el consecuente
desempleo y pobreza en las
ciudades. Así también en el campo,
donde la antes predominante
agricultura comercial se volvió de
subsistencia, impactando tantos a
grandes
como
a
pequeños
propietarios. Debido a la escasa
demanda de productos e insumos,
amen de la inseguridad y las