Número 5 / Octubre de 2015
Y ante tanta bagatela y deriva existencial
caí un día en esta ornamenta vasija,
según Platón,
en la cual me encuentro de momento.
Ya era de extrañar
esta sensación antigua de vacío nocturno,
de vacío cósmico.
Es tan imperturbable la insignificancia de la misma,
que la materia se desborda
como en fragua del herrero.
Las clepsidras dejan sus formas corpóreas
y desdibujan las líneas del sin-tiempo.
Y los hombres,
como yo,
como grano de arena en estas,
por fin vemos una desnudez vetusta;
no esa falsa desnudez por la que mortales gimen.
Hablo del desconocerse tanto
que ya no se es más de este mundo
[ni de ningún otro
cercano o distante.
La masa se amalgama,
sopla en mi boca, y soy uno de nuevo.
De nuevo soy uno,
soy uno,
soy nuevo,
y viejo también,
y proverbio, verbo y adverbio
sin significado ni ser,
sin cimiente
ni sapiente alguno que me toque o juzgue.
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