Dí Arte | Page 5

Número 4 / Mayo de 2013

Descorazada

Su rutina era cada vez más afanosa; el poco tiempo que le quedaba era para hacerse la manicura y leer algún libro antes de quedarse dormida. Era una mujer de negocios, reconocida como la jefa de Over One, una prometedora empresa de accesorios de moda. Tenía encuentros ocasionales con tipos de etiqueta y mujeres ninfómanas. Su carácter era rígido, pero susceptible, amaba los detalles de la naturaleza, salía a caminar por el campo, y era una experta jinete; últimamente su trabajo la asfixiaba.
Por fin era viernes, noche libre, a las siete fue a su casa, se duchó con colonias y menjurjes aromáticos mientras escuchaba“ los caprichos de Niccolo Paganini”, se planchó el cabello y se puso un vestido de seda roja que le sentaba bastante bien; sus piernas parecían dos pilas de bronce que conducían al sendero de la muerte, y sus senos, dos volcanes que desde hacía mucho tiempo estaban fríos. Agarró su abrigo y salió al centro de la ciudad, empezó a andar sin rumbo fijo, hasta que se encontró en un bar de la zona rosa. Entró, dio un vistazo a su alrededor, se sentó y pidió un coñac. En el aire se sentía el aroma a cigarrillo y a licor. Había bastante gente, caballeros y damas riéndose de la desgracia del pobre, gastando su dinero como si no hubiera mañana. Al frente de la mesa estaba un tipo barbado, de traje informal y gafas oscuras, ella no dejaba de observarlo, le llamó la atención su cierto aire misterioso.
Al cabo de un rato el mesero le trajo una copa de su vino preferido- es del caballero del frente- con un guiño bastante fingido. La chica se sonrojó, pero aceptó la invitación.- ¿ Me permite?- Dijo el hombre de las gafas oscuras acercándose a la mesa.- ¿ Cómo sabía que me gusta ese vino?--No tuve que saberlo, es mí preferido también-. Compartieron varias palabras, bailaron y se embriagaron; a ambos les interesaba la poesía y el arte en general. Él, un desdichado escritor, y ella, una artista de la moda.
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