Al ingresar al lugar nos
adentramos en un espa-
cio detenido en el tiempo,
la arquitectura colonial
antioqueña mantiene su
esencia en la casa, dán-
dole un valor histórico
y estético especial, su
mobiliario es único, en-
contramos desde sillas
en madera hasta me-
tálicas, pasando por
cómodos
asien-
tos
fabricados
en mimbre que
ayudan a dar-
le un ambiente i n i -
gualable a La Pastelería.
Entre su amplio menú des-
tacan tortas como la red
velvet, genovesa y negra
envinada;
imperdibles
delicias que pueden ser
acompañadas con uno
de los cafés de origen
que allí ofrecen.
“Se nos
quedó
chiquito”
Los cocteles
tienen un precio de
15.000 pesos
A la izquierda unas clási-
cas escaleras en madera
conducen al segundo piso,
un conjunto de habitacio-
nes nos ofrecen diferentes
ambientes, propiciando vi-
sitas en pareja, en familia
o un reencuentro de ami-
gos alrededor de una taza
de café. En la parte poste-
rior se encuentra el bar, el
cual cuenta con una vista
panorámica que permite
disfrutar los atardeceres
Santarrosanos junto con
uno de los variados cócte-
les de la casa; entre ellos
mojitos, margaritas y long
island para los que bus-
can un trago más fuerte.
res que se
pueden evi-
denciar
en pre-
para-
ciones
como los
chorizos a la naranja o las
empanadas antioqueñas.
Poco a poco César ha te-
nido que dedicarse más a
la parte administrativa y
ha dejado de lado el de-
lantal y los utensilios,
ha sido una de las deci-
siones más difíciles que
ha tomado. Pero siem-
pre recordando que el
traba jo y persistencia lo
han traído hasta aquí y
lo llevarán hasta donde
sus fuerzas se lo permitan.
Un digno representan-
te de la cultura gastro-
nómica
colombiana.
Sin olvidar sus platos fuer-
tes que logran fusionar la
comida típica con técni-
cas culinarias modernas,
logrando exquisitos sabo-
FOTOGRAFÍA
Joaquín Romero Martínez
Alfa jores de arequipe cubiertos con coco rayado.