DOS AÑOS DEVACACIONES Dos años de vacaciones | Seite 77
Dos Años de Vacaciones
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una situación de suyo bastante grave. Estos motivos
eran los que impulsaban a Gordon a mantener a
todo trance la paz entre sus compañeros.
Pero por más prisa que, ya convenidos, tuvieran
para emprender la marcha Briant y Doniphan, un
cambio brusco que sufrió el tiempo les obligó a
aplazar el viaje. Una lluvia muy fría caía a intervalos,
y el barómetro bajaba, indicando borrascas, de las
que no se podía prever la duración. Hubiera sido,
pues, una temeridad aventurarse en tan malas
condiciones.
Todos, menos los pequeños, deseaban en verdad
salir de dudas; pero aun cuando tuviesen la
certidumbre de hallarse en un continente, ¿podían
acaso pensar en lanzarse a la ventura en medio de un
país desconocido, cuando iba a empezar la estación
invernal? Y si tuviesen que recorrer algunos
centenares de millas, ¿podrían soportar la fatiga que
resultaría de ese viaje? El más vigoroso de todos,
¿tendría fuerzas suficientes para llevarlo a cabo? ¡No!
Esa expedición debía dejarse para la época en que
los días son más largos, y en los que no hay que
temer ni los ríos ni las lluvias del invierno. Era necesario,
por lo tanto, resignarse a permanecer
durante la mala estación en el Sloughi.
Gordon, que por su parte procuraba indagar
también en qué punto del Océano habían
naufragado, estudiaba en el atlas de Stieler, que
contenía un mapa del Pacífico, y no encontraba,
desde Auckland hasta la costa americana, hacia el
Norte, más allá del grupo de islas de Pomotou, otra
isla que la de Pascua y la de Juan Fernández, en la
que Selkirck, un verdadero Robinsón, pasó parte de
su existencia. Al Sur, ni una tierra hasta los espacios
sin límites del Océano Antártico. Si miraba al Este,
el mapa no señalaba más que el Archipiélago de las
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