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Dos Años de Vacaciones
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objetos indispensables a su instalación; porque, aun
admitido que hubiesen salido bien, ¡a cuántas
dificultades y a cuántas fatigas se hubieran visto
expuestos! Y si el yate hubiera encallado entre los
arrecifes, ¿cómo salvar el material? Las aguas
hubieran indefectiblemente destrozado en poco
tiempo la goleta, con pérdida de muchas cosas que
habían de serles muy útiles con el tiempo.
Felizmente, la marea alta había empujado el buque
hacia la playa; y si bien es cierto que se encontraba
impedido para volver a navegar, podía servir de
morada, puesto que nada podría arrancarle da la
arena, en la que estaba hundida su quilla. Era
evidente que, por efecto del sol y de la lluvia, llegaría
a quedar inservible; pero cuando esto sucediera, ya
los náufragos habrían encontrado alguna ciudad o
pueblo, y si la tempestad los había relegado a una
isla desierta, no dejarían de hallar, para sustituir al
barco, alguna gruta en las rocas del litoral.
Lo mejor era, pues, quedarse provisionalmente a
bordo, y convencidos de ello, tomaron sus
disposiciones al efecto, siendo la primera la de
colocar a estribor una escala de cuerdas que les
facilitase la bajada a la playa.
En el ínterin, Mokó, que entendía algo de
cocina, ayudado por Service, a quien gustaba guisar,
se ocupó en preparar la comida, que, una vez
condimentada, sirvió para amortiguar en todos el
gran apetito que tenían, y Jenkins, Iverson, Dole y
Costar se entregaron a la alegría y a los juegos
propios de su edad.
Sólo Santiago Briant, que era antes el diablillo
del colegio Chairmán, continuó triste y aislado de
sus compañeros.
Semejante cambio en su carácter y en sus
costumbres no pudo menos de sorprender
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