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Dos Años de Vacaciones
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indicaba cierta fertilidad comparable con la de las
zonas de la latitud media. No podía haber duda de
que más allá del acantilado, y al abrigo de los
vientos, la vegetación, encontrando un suelo más
favorable, debía desarrollarse con más vigor.
En cuanto a habitantes, no parecía que los
hubiese en aquella parte de la costa, pues no se veía
ni casa ni choza alguna en la desembocadura del río.
Los indígenas, si los hubiera, residían tal vez en el
interior, en donde estaban menos expuestos a los
crudos ataques de los vientos del Oeste.
-¡No veo ni el menor rastro de humo! dijo Briant
bajando el anteojo.
-¡Ninguna embarcación se ve en la playa!
observó Mokó.
-¿Cómo es posible que las haya, puesto que no
hay puerto? repuso Doniphan.
-El puerto no es necesario, replicó Gordon, pues
las barcas de pescadores encuentran refugio en la
entrada de los ríos; y si no vemos ninguna, quizás
sea porque la tormenta las haya obligado a internarse.
La observación de Gordon era justa; mas
cualesquiera que fuesen los motivos, la verdad es
que no se divisaba ninguna embarcación, y que en
realidad aquella parte del litoral parecía deshabitada.
Pero en el caso de que nuestros jóvenes náufragos se
viesen obligados a quedarse allí algunas semanas,
¿sería habitable? He aquí lo que debía sobre todo
preocuparles.
Aun cuando la marea ciertamente se retiraba con
mucha lentitud, porque el viento se lo impedía,
como éste parecía calmarse algún tanto con
tendencia a cambiar hacia el Noroeste, importaba
mucho estar apercibidos y dispuestos para aprovechar
el momento en que el banco de arrecifes
ofreciese un paso practicable.
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