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V OL U M E N I, N º 1 I
he aquí donde tienes que trabajar.
Hazte
humilde,
fuerte, robusto; y
cuanto veas que
ocurre ahora con
estos animales, lo
deberás hacer tú
con mis hijos.
DBM: ¿Y así fue
como desde pequeño descubrió
que quería ser
sacerdote?
DB: ¡Qué va! Las
cosas no son tan
sencillas. Por la
mañana conté en
seguida
aquel
sueño; primero a
mis
hermanos,
que se echaron a
reír, y luego a mi
madre y a la
abuela. Cada uno
lo interpretaba a
su manera.
Mi hermano José
decía: Tú serás
pastor de cabras,
ovejas y otros animales.
Mi madre: ¡Quién
sabe si un día serás sacerdote!
Antonio, con dureza: Tal vez, capi-
tán de bandoleros.
Pero la abuela,
analfabeta del todo, con ribetes de
teólogo, dio la sentencia definitiva:
No hay que hacer
caso de los sueños.
Yo era de la opinión de mi abuela,
pero nunca pude
echar en olvido
aquel sueño.
DBM: sin embargo, se ve que sí que
tuvo mucho efecto
en usted. ¿Algún
consejo para nuestros lectores?
DB: Claro que sí,.
Nunca sabemos
del todo hacia
dónde va nuestra
vida, pero el amar,
hacer el bien a los
demás y sentirse
feliz, suelen ir de la
mano cuando se
trata de vocación.
Así que no tengáis
miedo a marcaros
metas altas cuando
se trate de buscar
vuestra felicidad.
No os conforméis
con
sucedáneos
que parecen daros
alegrías pasajeras.
Buscad vuestra felicidad y la de los demás y ahí seguro
que está Dios.
Rezamos juntos un
Ave María para que
ilumine nuestro camino para encontrar la vocación:
Dios te salve María…