¡ADIÓS!
Una palabra que marcó la vida de mi hermano, de mi papá y la mía, esa fue la
palabra de despedida de mi madre luego de su separación con mi papá, desde
ese mismo instante nada volvió a ser lo mismo; ahora mi ambiente estaba
rodeado de hombres, era yo la única “niña” de la casa. Pero… ¿cuándo
sucedió eso? Fue hace aproximadamente ocho años cuando mis padres
empezaron a pelear y dejaron de quererse.
Yo estaba muy chiquita en este entonces y eso fue una etapa mi difícil para
mí, sin embargo, mi papá jamás me ha dejado sola desde ese preciso instante;
al contrario, Él ha sido el hombre de mi vida desde aquella época, mi papá ha
estado siempre en todas las etapas de mi vida sin separarse ni un segundo.
Admiro mucho a mi papá y jamás lo dejaré de hacer, nadie alcanza a imaginar
todo lo que él ha hecho por mi hermano y por mí, creo que ese hombre sería
el ejemplo a seguir de todas las personas que lo rodean; además de todo esto,
él ha sido extremadamente sencillo y humilde en todo momento.
En ocasiones hemos estado bravos, pero es mi culpa y lo acepto, a veces soy
rebelde y no soy la hija perfecta, pero a pesar de todo esto el jamás ha dejado
de confiar en mí, tenemos un lazo de confianza y de amor tan fuerte que
nadie jamás lo romperá por nada del mundo.
En cuanto a mi madre ella también ha sido esencial para mí, aunque haya
cometido errores también la admiro por su valentía de salir adelante aun así
con todos los golpes que le ha dado la vida. Ella y yo en ocasiones peleamos
como toda madre e hija; y sí, no niego que me hace mucha falta porque no
todo el tiempo estamos en contacto, ni nos vemos. La relación que lleva mi