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La verdad es que me supo mal lo que les pasó, pudiendo haber sido una historia perfecta, algo
tenía que fastidiarlo, pero si no hubiera pasado todo esto no habría historia, entonces a lo
mejor que las cosas se le torcieran fue algo bueno.
Finalmente, mi opinión sobre las historias de amor.
Las historias de amor me suelen gustar bastante, la verdad. No digo que no haya libros sobre
amor que haya leído que no me hayan gustado, y es que algunos momentos me producen un
poco de vergüenza ajena. Por ejemplo, cuando los amantes se besan, cuando se dicen que se
quieren, cuando se hacen cumplidos y no paran de comentar lo que les gusta del otro, necesito
hacer una pausa y dejar de leer, porque no puedo soportarlo. Es que, además, las historias de
amor se parecen entre ellas y siempre suele haber una que otra escena así. Y a los autores no
les basta con comentarlo y ya está, lo tienen que explicar todo y desarrollar cada cosa que
sienten los personajes, lo cual me resulta un tanto incómodo.
Por suerte, en esta historia de Tristán e Iseo no ha habido encuentros “empalagosos”, como
se suele decir. Y eso es algo que agradezco.
DATO CURIOSO ¿Por qué utilizamos los corazones para representar el amor?.........................
Las primeras representaciones del corazón que se han descubierto -en torno al 3000 a.C.- no
están relacionadas con el amor, según algunos estudios. Para simbolizar el órgano central de
la persona, los antepasados intentaron que el corazón se asemejara a una hoja de hiedra.
En la cultura griega existió un símbolo similar al de corazón, que podría asociarse a éste,
aunque, según se ha demostrado, no tiene nada que ver. En una moneda griega se
representaba el silfio, una planta extinta y que era similar a un corazón.
En el siglo XV se representó por primera vez el corazón de la forma en la que a día de hoy se
conoce con un significado amoroso en sentido metafórico. Es en un grabado llamado Romance
de la pera : una persona arrodillada ante la reina le entrega un corazón, que tiene forma de
piña de conífera.
En 1673 Santa Margarita María de Alacoque estableció la forma definitiva del corazón que,
con variaciones, ha llegado hasta nuestros días. Representó por primera vez el icono católico
del Sagrado Corazón de Jesús, con una forma similar a la actual: dos
hemisferios redondeados del mismo tamaño.
Más tarde, en el siglo XVI se popularizó gracias a la baraja de cartas
francesa, que incluía los corazones entre los tréboles, las picas y los
rombos, y cuyo símbolo era el que conocemos actualmente.