¿Por qué no puedo dejar mi
celular?
Por: Marco Antonio Peimbert
H
ace muchos días mien-
tras estaba con mis
comadres jugando a la
comidita, se nos acercó
el señor que toma los pedidos y
nos pregunto: ¿Con verdura? Y La
verdad es que a partir de ese mo-
mento, mi vida cambió. La manera
tan sutil, tan homogénea, es más,
tan caballerosa de recordarme
incluir vegetales en mi dieta diaria,
me hizo agua la boca. En síntesis
–jamás me habían hecho sentir
eso-.
Regresando al punto, ¿Cuántas
veces no hemos sentido que hay
una parte de nosotros que se
puede comprar en un aparador?
Y no me refiero a un dildo o esas
cosas del demonio que te hacen
pasar momentos de felicidad,
ahora hablo del CELULAR, ya sea
que seas fan del teléfono con una
manzana mordida, del polvo es-
telar o aquel que tiene un sistema
operativo de marciano, en el se
depositan varios SECRETOS.
Vamos a responder la pregunta,
como es mi costumbre enlistando
todo eso que nos tiene presos al
celular.
76