EL JARDÍN DE ADÁN
Por: Harry Legnar
harry@tres-tercios.com
@harrylegnar
H
ace unos días me encontraba viendo
una película que abordaba la temática
gay, y hubo una frase que me llamó
mucho la atención, “no puedes culpar
a los demás por ser como son”, y cierta-
mente así debería de ser, sin embargo
sólo basta mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta
que todo el tiempo estamos juzgando y condenando a
los diferentes a nosotros.
Bien dicen que no hagas lo que no quieras que te hagan,
y esa es una verdad que deberíamos aplicar todos los
días en todo momento de nuestra vida, ¿a dónde quiero
llegar con esto? Pues bien, como comunidad LGBTTTI…
exigimos respeto a nuestros derechos y a nosotros mis-
mos como individuos y como seres humanos. Condena-
mos y nos indignamos con acontecimientos como los de
Rusia, Nigeria o Uganda, como los ocurridos en nuestro
país, en nuestro estado, en nuestra ciudad e incluso en
algunos casos hasta en la propia casa.
Pero en qué momento el discriminado se convierte en
discriminador, al parecer todo el tiempo, por el simple
hecho de no ser como uno mismo, por ser, moreno,
blanco, alto, bajo, gordo, delgado, por no tener múscu-
los, por adoptar determinado rol, por ser hombre, mu-
jer, gay, bisexual, lesbiana, trans… en fin, podría seguir
con una larga lista, pero esas diferencias, que a esta al-
tura del partido parecieran tan insignificantes, siguen
siendo todo un problema y generan una gran estig-
matización.
Entonces ¿Cómo pretendemos ser respetados si no
comenzamos a hacerlo entre nosotros mismos?,
si nosotros que somos los “otros” no podemos si
quiera convivir armónicamente entre nos, ¿cómo
podemos exigir algo que no damos?
Ya lo decía Einstein, si quieres obtener resultados
diferentes haz cosas diferentes, por lo tanto, tal
vez si comenzamos haciendo esa diferencia, ese
cambio, poco a poco logremos cambiar la forma
en que somos tratados, ¿por qué no intentarlo?
5