Después del amor Después del amor | 页面 10

Supervivientes

Pese a todo, sabía que algo no iba bien, pero tardé mucho tiempo en ser verdaderamente consciente de cuál era la situación. Creo que empecé a darme cuenta de lo que estaba pasando en el momento en el que simplemente quería estar en cualquier sitio menos en casa. Hasta el punto en que mis estancias en el campamento durante las vacaciones se convirtieron en el momento más feliz del año. Socialmente no sabía desenvolverme porque siempre estaba encerrada en casa. Pasé de no poder expresarme con libertad ni salir de casa a poder quedar con mis amigos. He sufrido más desde que salí de allí, porque he empezado a razonarlo todo y a ser plenamente consciente de lo que sufrí. A pesar de todo lo vivido, mantengo desde hace años una relación de pareja sana, estable y asegura. En cuanto veo algo que no me gusta, lo digo. Desde luego, tengo muy claro que a mí no me va a pasar.

Cuando era pequeña mi madre se fue a vivir con otro hombre. Vivió varios años con él. A lo largo de ese tiempo llegó a abandonarle varias veces. Sin embargo, no logró romper lazos definitivamente y siguió adelante. Las ataduras emocionales son increíblemente poderosas, capaces de vendar los ojos incluso a la más fuerte. Además, la independencia y solvencia económica, así como la estabilidad laboral son fundamentales para poder dar el gran paso. No me gustaba ver como trataba a mi madre, pero siendo tan niña me parecía que todo lo que veía en casa era normal.

Al principio tenían una relación normal. Él tenía sus cosillas, pero como siempre que empiezas a conocer a alguien. Es cierto que era un poco celoso, pero poco a poco el celo fue in crescendo hasta llegar al "no te pongas esa falda o ese top", y fue cerrando progresivamente nuestro círculo de amigos. El problema llegó cuando comenzaron las discusiones y las peleas. Un día, de pronto, mi madre se vio con un cuchillo en la mano porque él había cogido otro... Se vio como dentro de una burbuja incapaz de reaccionar.

Tardó demasiado tiempo en salir de esa burbuja. Un día su cuerpo y su mente dijeron basta. Pero se dio cuenta de que su dependencia emocional era enorme. Inconscientemente se culpabilizaba y poco a poco llegó el miedo a lo que él será capaz de hacer si le abandonaba y sobre todo miedo a que no la creyesen, ni la entendiesen. Lo pasó mal cuando le contó a su familia lo que ocurría y no la creyeron. El tema económico tampoco le era favorable. En los primeros tiempos felices la convenció para que dejara su trabajo y ahora dependía de él.

Pero el punto de inflexión y el que le dio valor fue cuando me vio que empezaba a tener depresiones e inicio de anorexia, y esa fue la gota que colmó el vaso. Un día, tras una pelea, cogió unas bolsas de basura con algo de ropa y nos fuimos de aquella casa.

Ahora reconoce que le ha cambiado un poco el carácter, algo más susceptible. No le agradan los sitios donde hay mucha gente y menos aún si hay gritos, y no soporta las discusiones. Le costó tiempo salir de allí, pero ahora es feliz viéndome, una niña que, a pesar de haber pasado su infancia en convivencia con los malos tratos, hoy es toda una mujer.

Hoy, lejos de todo aquello, nos gusta recordar que no somos víctimas, sino supervivientes.