Antecedentes heredofamiliares:
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Padre: Marcos, 72, migraña, Jubilado
Madre: Rita, 69, neurosis, hipertensión, artritis, Ama de casa
Hijos: Alejandra, ninguna, estudiante
Esposo: Rubén, 50, hipertensión, empleado estatal
Abuela paterna: Cáncer
Abuela materna: Diabetes
Relaciones interpersonales:
o Infancia: “era rebelde y emprendedora, crecí dentro de una familia cristiana y aprendí a hablar
de Dios, había cosas que no entendía, pero aún así, hablaba de él, me divertía creando
muñecas de trapo y juguetes de madera, cada vez que jugaba con mi hermano el salía herido
jajaja en este periodo, aprendí diversos oficios y me gustaba mucho ayudarle a mi papá en
todas las tareas de construcción, en casa, mi papá tenía muchos libros pero solo me dejaban
leer la biblia, sin embargo, yo me las ingeniaba para leer libros a escondidas, los libros más
valiosos para mi papá, los guardaba en un librero con llave, para mí, eran tesoros
inalcanzables, así que cuando había oportunidad, leía acerca de la vida de Pancho Villa o del
poder curativo de las plantas, en realidad, tenía muy poco tiempo para jugar porque mi día
comenzaba muy temprano, yo preparaba los desayunos y los lonches de mis hermanos, antes
de ir a la escuela, dejaba la casa limpia para ayudarle a mi mamá, y cuando regresaba de la
escuela, debía ayudarle a mi hermano a hacer su tarea, eso no lo disfrutaba pero lo hacía para
no tener problemas con mi mamá, desde niña, escuchaba que había actividades que mis
papás etiquetaban como exclusivas de los hombres, y yo me pasaba la mayor parte del tiempo
haciéndolas para que ellos entendieran que el ser niña no me restaba capacidad, desde la
infancia, se me ocurrían negocios para tener dinero y comprar galletas, cuando iba a visitar a
mis abuelos paternos, organizaba a mis primos para cortar duraznos que aún no maduraban y
poníamos un puesto en la calle, no estaban ricos y a pesar de que las familias tenían duraznos
en sus casas, siempre nos compraban, así que podíamos comprar galletas para nosotros”.
o Adolescencia “seguía siendo rebelde, a esta edad, ya me disgustaba hablar de religión, no
entendía como los seres humanos podían discutir y pelar por asuntos religiosos, ese Dios que
me habían enseñado desde niña me causaba conflictos existenciales, fue en esa edad que me
atreví a mostrar con más firmeza mi rebeldía e hice lo que nadie aprobó, dije si a un noviazgo
con una persona católica, en esta relación aprendí lo que significaba el respeto a las creencias
de las personas, también en este periodo, tuve mi primer acercamiento con una de mis
pasiones, las matemáticas, Dios puso en mi camino un excelente maestro que me enseñó a
saborearlas formulas y los problemas, a esta edad, la escuela me permitió acceder a libros de
diversos temas y no desperdicié ni un instante, a partir de ahí, los libros no volvieron a tener
llave para mí.