estar asi todos seriecitos y tranquilos, comenzaron a correr y a gritar, y no se diga
a tronar los globos que les dimos!, nadie nos hacía caso y las enfermeras solo nos
veían, ahí fue cuando dije “Dios mío ¿qué se supone que tenemos que hacer
ahora?”. Pero se nos ocurrió jugar a las cebollitas y ¡BINGO! Los entretuvimos y nos
entretuvimos, porque también nos tocó que nos jalaran, fue un gritar, correr, llorar,
e ir y venir de los niños, unos eran en extremo agresivos, muchos no querían jugar,
otros querían estarnos abrazando o que los cargáramos, etc.
Yo sentía que no nos dábamos abasto porque éramos poquitos, pero al final las
enfermeras nos ayudaron y los controlaron, después de cómo una hora de jugar,
correr, cargar y platicar fuimos a romper las piñatas! Jamás vi un descuartizamiento
tan rápido de una piñata! En un momento, la segunda piñata se cayó al suelo y los
niños comenzaron a arrancarle pedazos y a darle palazos en el piso, sin fijarse en
nada, yo entraba en crisis por los niños chiquitos pero nadie salió herido
afortunadamente, les cantamos y les dimos la mitad de los dulces, porque los demás
nos los quitaron y los guardaron
para dárselos después, al final los
mandaron a lavarse las manos y
nos dijeron que si queríamos
darles de cenar, nos indicaron las
porciones que debíamos servir y
las enfermeras acomodaron las
mesas y a los niños, servimos
primero la ensalada y cuando se
la terminaron les dimos pastel y
las enfermeras sacaron litros y
litros de leche para acompañarlo,
ahí si lo niños estaban sentaditos
y algo más tranquilos, y como nosotros moríamos de hambre, nos comimos una
galleta con ensalada :p , la ensalada se terminó, pero sobró pastel, mismo que nos
repartimos entre nosotros y las enfermeras porque no habíamos comido. Fue una
bonita experiencia, un poco desesperante al principio porque no sabía cómo actuar
o que hacer, pero una vez que entré en calor y supe que hacer, fue muy divertido y
bonito estar con los niños jugando y haciéndolos reír.