DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Page 450

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Salvador Borrego
llama del ideal que es tan difícil encender y contagiar. Pertenecían a esa clase de la que Nietzsche dijo:
" Guardaos también de los doctos; os odian porque son estériles. Tienen ojos fríos y secos, ante los cuales todo pájaro aparece desplumado. La falta de fiebre dista mucho de ser conocimiento. Yo no creo en los espíritus refrigerados ". A esos espíritus refrigerados no había llegado la llama del nacionalsocialismo; Hitler logró prenderla en el pueblo, particularmente en las juventudes que llevaron su nombre, mas no pudo transmitirla a un grupo de conservadores ni a viejos y aristócratas generales. De haber tenido en el alto comando militar a hombres de su propio ardor, la resistencia podría haberse prolongado hasta la llegada de las nuevas armas.
En la tropa había materia prima para realizar ese milagro, mas los generales no creían en milagros, pese a que muchos de éstos( en pequeña escala) se daban diariamente a lo largo de todo el frente. Por ejemplo, el 18 de julio los británicos lanzaron en Saint Lo un ataque concentrado de 1,950 bombarderos, en tal forma que una columna de aviones iba abriendo brecha en la ruta del avance y otras dos columnas laterales iban sembrando de explosivos un amplio margen para liquidar las armas antitanques alemanas. El éxito parecía seguro y todo cálculo científico así lo comprobaba, mas los supervivientes del terrorífico bombardeo se mantuvieron firmes entre sus compañeros muertos, dieron cuenta de 200. tanques británicos y frustraron gran parte de la embestida. Cuando intervienen factores psicológicos hay imponderables reacciones que la ciencia no logra aquilatar. El 25 de julio 2,446 bombarderos repitieron el ataque y un 70 % de las tropas de ese angosto sector quedó fuera de combate. Pero no cesó la resistencia, contra lo que el mando aliado esperaba.
El general Elfeldt, comandante del 84 º Cuerpo del Ejército, vio cómo sus hombres disminuían hasta quedar 200, con dos tanques, y seguían combatiendo con igual ardor. No era nazi( al igual que casi todos los generales) y sin embargo reconoció que la moral de los soldados fue mucho más alta en la guerra mundial segunda: " el nacional socialismo— dijo— fortificó la moral de las tropas; las hacía fanáticas y mejoraron las relaciones con los oficíales; los soldados demostraron más iniciativa y usaron mejor la cabeza, especialmente cuando se encontraban combatiendo aislados ". Agregó que le " asombraban tales reacciones " y las atribuyó a la juventud hitlerista. El historiador Liddell Hart afirma que el criterio de los comandantes británicos coincide con el del, general Elfeldt y que los genérales Rohritch, Bechtolsheim y otros muchos lo refrendaron también. Debido a esa resuelta resistencia, el desembarque en Normandía progresaba muy lentamente y con costosas bajas. El 15 de agosto los aliados empeñaron todas las reservas que les quedaban lanzando otra invasión por el Mediterráneo, sobre la costa sur de Francia. En ese punto utilizaron 14 divisiones( 210,000 hombres) contra una fuerza alemana de 77,500.
Ya para entonces los recursos alemanes se hallaban tan menguados que el 11 de agosto Hitler ordenó más drásticas economías de gasolina, al grado de que la Luftwaffe sólo quedó autorizada para realizar aislados vuelos defensivos. A fin de contrarrestar en parte esta