DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Page 275
DERROTA MUNDIAL
Los muertos apenas si parecían seres humanos. Parecían maniquíes de cera sacados de
un escaparate, echados en el suelo en posturas grotescas, inhumanas, con sus brazos
apuntando al cielo, con las piernas congeladas como si estuvieran corriendo. Sus rostros no
tenían sangre alguna, eran de un blanco de cera". Fue la tajante voluntad de Hitler, fueron
esos muertos, lo que salvó a todo el frente alemán en Rusia durante el invierno de 1941 a
1942. El general Von Tippelskirch, comandante de un cuerpo de ejército en 1941, declaró
posteriormente a Liddell Hart que la táctica de los "erizos" fue idea de Hitler y que
constituyó una gran proeza poderlos sostener. "Si las tropas se hubieran empezado a retirar
—agregó— la retirada se hubiera transformado en una desbandada llena de pánico".
Otro de los pocos generales que coincidían con Hitler -Hans Kissel-, dice que
intentar la retirada hubiera sido un error porque "las tropas, exhaustas después de unas
pocas marchas en la nieve y el hielo, hubiesen sucumbido a la desintegración moral".
Cuando el invierno tocaba a su fin, el 20 de marzo (1942), el Ministro Goebbels
anotó en su Diario: "Los generales, en su mayor parte, no han ayudado. No pueden
soportar un esfuerzo intenso, ni hacer frente a fuertes crisis espirituales. Además, los
triunfos iniciales que obtuvieron en esta guerra han persuadido a muchos de ellos de que
cualquier cosa puede realizarse a la primera tentativa. Fue el Caudillo quien salvó solo el
frente Oriental en el invierno próximo pasado. La verdadera razón de que ese frente no se
tambaleara, radicó en que Hitler no mostró signos de debilidad. ¡Maldito sea este invierno,
prolongado, crudo y cruel! Nos ha creado problemas que no hubiéramos considerado
como posibles... La guerra ha alcanzado su intensidad, más alta desde fines de noviembre.
Dice el Caudillo que en ocasiones temió sencillamente que no fuera posible sobrevivir. Sin
embargo, seguía haciendo frente invariablemente a los asaltos del enemigo con su último
alarde de voluntad y cada vez lograba salir airoso. ¡Gracias a Dios que el pueblo alemán
sólo se enteró de una parte de esto!
"Hitler está encaneciendo —agregó Goebbels en su Diario— y el solo hecho de hablar
de los cuidados que entraña el invierno, le hace parecer muy avejentado. Me refirió cuan
cerca estuvimos de un invierno como los de Napoleón, en los últimos meses. Si
hubiéramos flaqueado siquiera por un momento, el frente se hubiera derrumbado y habría
ocurrido una catástrofe que hubiese dejado pequeño al desastre que tuvo Napoleón en
Rusia.
"A Brauchitsch —jefe del ejército— le corresponde una gran dosis de responsabilidad
por esto. El Caudillo habló de él con desprecio. El Caudillo no tenía ninguna intención de
ir a Moscú. Deseaba cortar el Caucaso y con eso herir el sistema soviético en su punto
vulnerable. Pero Brauchitsch y su Estado Mayor General creyeron saber más. Ese jefe
siempre recomendó que se marchara sobre Moscú".
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