Por Joaquín Amitrano
CAPITULO I: ''Reflotar''
"Hay giros y ocurrencias del espíritu, hay sentencias, un pequeño puñado de
palabras, en que una cultura entera, una sociedad entera quedan cristalizadas de repente.
De ellos forma parte aquella frase incidental de Madame de Lambert a su hijo: monami,
nevouspermettezjamais que de folies quivousferontgrandplaisir [amigo mío, no os
permitáis nunca más que locuras que os produzcan un gran placer]: - dicho sea de paso, la
frase más maternal y más inteligente que se ha dirigido nunca a un hijo". Nietzsche: Más
allá del bien y del mal (1886)
Hace un tiempo, me senté con un amigo musico a escuchar unas canciones que
grabe hace unos años con una banda de Temperley. Banda con la cual el mismo había
compartido escenario un par de veces, pero mi amigo esto no lo recuerda. Supongo que los
vertiginosos vaivenes del rock independiente, donde fluyen los excesos y las noches
locamente, hicieron que mi amigo se olvidara rápidamente de los colegas que han
compartido momentos con el y su banda.
Mi amigo tiene la particularidad de bromear sobre el material que le muestro, se le
dibuja media sonrisa siempre. Y a mi me gusta odiar. Es un sentimiento como cualquier
otro. El odio a veces es constructivo. El odio incluso forja una relación. Si yo puedo odiar a
la misma persona que amo, hay algo interesante ahí. Hay poca obsecuencia de parte suya,
y eso me agrada. Porque odio mas al que te palmea la espalda cuando en realidad le
gustaría enterrarte un tramontina, o colgarte un cartel que diga ''péguele al boludo''.
Así que había una canción en particular, esas de las que uno debe estar orgulloso,
que quería mostrarle, se ve que en el fondo yo deseaba dejar de idealizarla, empezar a
desmitificarla. Porque conozco a mi amigo, no espero nunca que me alabe. Y mucho menos
una canción tan pretenciosa. La canción se llama Perpetua. Y yo le explicaba: ''esta
canción está basada en un aforismo que me conmovió del libro ''Mas allá del bien y del mal''
de Niesztche y en parte de ''la Divina Comedia'' de Dante Alighieri, específicamente en el
paseo por el infierno, donde un guía acompaña al Dante...es ese el guía al que hace
referencia el tema''. A lo que mi amigo con su media sonrisa, instalada creo yo en el primer
compás del tema, y la libido de la burla apoderándose de su baba, respondió: ''nunca se te
ocurrió escribir un tema alegre...jaja...''. No... la concha de tu puta madre. Pensé. Lo
odie...lo iba odiando a medida que le contaba, porque su media sonrisa, apareció al mismo
tiempo que mis ganas de cagarlo a trompadas.
Mi amigo además tiene una memoria selectiva. Se acuerda solo de aquello que le
interesa a el. Solo a el. Por eso es que seguramente este momento no lo recuerda ni lo
recordara jamás, por mas que yo lo escriba, y el lo lea, y solo se sentirá interesado y hasta
quizás lo recuerde si lo nombro. Pero no voy a darle ese gusto. Por odio. Claramente. Y por
amor también, para preservarlo. Lo cual me convierte en un preservativo.
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