¡ Europa! Italia
9
Por Tania Rubí Coria de la Cruz
GUBBIO – Una emociòn profunda, una experiencia difìcil de olvidar: es la Fiesta de los cirios que se lleva a cabo el 15 de mayo en honor de Sant‘ Ubaldo, patròn de Gubbio. Un apuntamento que para los habitantes de Gubbio es el màs importante del año entorno al cual la ciudad ha construido su alma y su historia. La Fiesta de los cirios, celebrada dede 1160, es considerada una de las tres manifestaciones folklòricas italianas màs antiguas y se festeja cada año para recordar la muerte del patròn Sant‘ Ubaldo el 16 de mayo, obispo de la ciudad en el siglo XII. Los cirios son tres màquinas de madera de 4 quintales de peso, cargados triunfalmente sobre las espaldas de los ― ceraioli ‖( hombres que cargan el peso de los cirios). Sobre la cima de cada uno de los cirios son fijadas las statua de los santos, Ubaldo patròn de la ciudad y de la corporaciòn de los albaÑiles y los cinceladores, Giorgio, patròn de la corporaciòn de los mercantes, y Antonio Abate, patròn de los campesinos y de los estudiantes. Los hombre que cargan los cirios visten trajes vivaces: paÑuelo y faja rojos y pantalones blancos. Las camisas en vez son amarillas las de los representantes de Sant‘ Ubaldo, azules las de San Giorgio y negras las de Sant‘ antonio. Los cirios han sido elegidos por la Regiòn como sìmbolo de la Umbria. La fiesta tiene un pròlogo durante el primer domingo de mayo, cuando, en una atmòsfera de alegrìa, los cirios y las camillas que los transportan parten desde la Basìlica de Sant‘ Ubaldo-
situada sobre el Monte Ingino que sobrepasa la ciudad, y llevados en posiciòn horizontal al interno de los muros de Gubbio entre cantos populares. Son dìas de creciente espera que termina la noche de la vigilia del 14 de mayo, cuando a las 19 la muchedumbre que se reùne en Plaza Grande puede escuchar los potentes retoques de Campana, la campana mayor del Palazzo dei Consoli fundada en el 1769 y que suena solamente en las grandes ocasiones como un verdadero ritual, empujada por hàbiles personas. Las noches por las calles de Gubbio se hace fiesta, cada ocasiòn es buena para brindar y para familiarizar entre eugubinos y visitantes, siempre muy numerosos. Llega finalmente el dìa esperado todo el año: la mañana del 15, a las 5.30, la ciudad se despierta al sonido de tambores. A las 8.30 en la iglesia de los albañiles y ceraioli presencian la misa y eligen los propios Capitanes.. Luego sigue el desfile con las estatuas de los santos que atraviesan las principales plazas de la ciudad y termina en la sala del parlamento del Palazzo dei Consoli, donde se encuentran los cirios.
A las 9.30 se consuma el desayuno a base de pescado. Al final los ceraioli ‖ se dirigen hacia Porta Castello, donde reciben de parte de los jòvenes, vestidos tradicionalmente, el ― ramito de flores ‖ que viene colocado en el ojal de la camisa de cada uno de ellos. A las 11.00, siempre desde Porta Castello, se mueve el grande desfile de los ceraioli ‖ con bandas y estandartes. Cuando a las 11.45 el cortejo llega a Plaza Grande y los magistrados y ciudadanos, en trajes medievales( Consoli) conseÑan las llaves de la ciudad al primer Capitàn: con un gesto simbòlico que recuerda a todos que por un dìa el poder està en las manos del pueblo. Después el saludo del alcalde y del Obispo, los cirios interrumpen desde la escalera del Palazzo dei Consoli en una plaza colmada de un gentìo multicolor. El sonido profundo y caliente del Campanario senala el inicio del alzamiento de los cirios, uno de los momentos màs emocionantes de la fiesta. Los tres jefes a la cabeza( son ellos a guiar los tres grupos de ― ceraioli ‖) desde el alto de las camillas lanzan al aire càntaros y cirios, en un instante, alcanzan la posiciòn vertical.
Es el momento en el cual los eugubinos se lanzan sobre los fragmentos de los càntaros para recogerlos y conservarlos como amuletos. Los cirios, acompañandos del alborozo de la muchedumre, son llevados sobre la espalda de los ceraioli y con dificultad logran hendir el ― muro ‖ humano consiguiendo asì las ― birate ‖ o sea hacer los giros, delante a las habitaciones de personas que entran en la historia de la manifestaciòn, para llegar luego, cada uno con recorridos diferentes a la calle Savelli della Porta, donde vienen apoyados sobre bases artìsticas. Después, todos al banquete en la sala mayor del Palazzo dei Consoli, alegrada con mùsica y cantos. Una alegrìa que se propaga en toda la ciudad donde por las calles y en cada casa se come y
se brinda.