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Para realizar un análisis acerca de los consumos problemáticos es importante partir de las
representaciones sociales que atraviesan nuestros discursos, que darán cuenta de la percepción
social, de los significados que se constituyen alrededor de las drogas, del consumo y de los
consumidores. Estas miradas surgen de los sistemas desde los cuales se entiende y explica el
mundo, creando nuestro sentido común sobre el tema. De esta manera, para poder entender el
campo de los consumos problemáticos y las adicciones, y abordarlo con estrategias preventivas
eficaces, necesitamos deshacer prejuicios y miradas estigmatizantes para adentrarnos en la
problemática desde una mirada integral y compleja.
Se entiende por consumos problemáticos a “aquellos consumos que —mediando o sin mediar
sustancia alguna— afectan negativamente (…) la salud física o psíquica del sujeto, y/o las re-
laciones sociales. Los consumos problemáticos pueden manifestarse como adicciones o abu-
sos al alcohol, tabaco, drogas psicotrópicas —legales o ilegales— o producidos por ciertas
conductas compulsivas de los sujetos hacia el juego, las nuevas tecnologías, la alimentación,
las compras o cualquier otro consumo que sea diagnosticado compulsivo por un profesional
de la salud” 32 .
Los consumos problemáticos, entonces, pueden involucrar sustancias legales o ilegales, es
decir, exceden lo que comúnmente se nombra como “droga”, comprendiendo así también a
otras sustancias psicoactivas legales, como el alcohol y los psicofármacos.
Por otro lado, los consumos problemáticos pueden no tener nada que ver con sustancias,
pero sí involucrar conductas compulsivas hacia una actividad: el trabajo, las compras, el juego,
la alimentación, el uso de las tecnologías, etc.
En este marco no todos los consumos son problemáticos, pues no todo consumo afecta
negativamente la salud y/o las relaciones sociales. Que un consumo se vuelva problemático
depende de muchos factores: qué se consume, con qué frecuencia, en qué circunstancias,
cómo está la persona en ese momento de su vida, el contexto en el que ocurre el consumo,
entre otras variables. Por eso no alcanza con un solo factor para determinar si un consumo
es problemático, como cuando se toma en cuenta sólo la frecuencia o sólo la cantidad.
Muchas veces se suele pensar que consumo problemático es lo mismo que adicción. Sin
embargo, el consumo problemático es un concepto más amplio. La adicción es una forma
de consumo problemático, pero no la única. Un consumo ocasional también puede ser pro-
blemático, sin ser una adicción. Por ejemplo, muchos adultos toman nada más que un vaso
de alcohol con la cena -y ese consumo puede no afectarle negativamente-; sin embargo, si
luego del vaso de alcohol esa persona tiene que manejar, el consumo se puede volver pro-
blemático, ya que los efectos del alcohol ponen en riesgo la vida propia y la de terceros al
manejar.
Un consumo se puede volver problemático también cuando no se puede sostener algo sin
ese consumo, como por ejemplo no poder divertirse sin alcohol, o no poder dormir sin tomar
pastillas, aunque estas sean de venta libre. Cabe recordar que cuando se trata de un niño,
niña o adolescente, dadas las características físicas y psicológicas relativas a sus etapas
vitales, el consumo de sustancias es siempre problemático.
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Ley 26.934/14, Plan Integral para el Abordaje de los Consumos Problemáticos (IACOP).