"EL Robo de
La Calle 13"
Viernes 12, 1967_ Inglaterra, Liverpool
Era un viernes lluvioso y yo, Frederick Johnson, estaba tomando té y contando historias con mi leal ayudante, G. J. Peterson, cuando me dieron ganas de contar una de mis anécdotas, en este caso "EL ROBO DE LA CALLE 13"...
Un día de primavera una señora exaltada llegó a la puerta de mi casa a los gritos, como una loca; pedía ayuda, decía que le habían robado lo mas preciado que tenia; cuando le pregunté qué era dejó de gritar y se puso a llorar. Después de quince minutos de llanto, con un hilito de voz logró al fin decir
-Mi bebé, ¡me lo robaron!. Cuando escuché eso pensé que era
un caso muy serio y que iba a necesitar ayuda de alguien más
"experimentado", por decirlo así, ya que yo no soy muy bueno
resolviendo problemas de este tipo...
Entonces le dije:
-Déjeme buscar a alguien con más experiencia y la llamo. Entonces empezó la búsqueda del candidato perfecto para el
trabajo. A la mañana siguiente, iba caminando por la manzana
de mi casa cuando encontré a un chico que forzó un casillero,
sacó una billetera de adentro y se la dio a su dueño. Seguramente, alguien había metido la billetera y lo había cerrado. Al ver ese acto heroico, supe que él era el elegido. No esperé más de dos minutos antes de preguntarle si tenía trabajo pendiente. Me contestó que trabajaba 4 horas diarias y que, aunque no me conociera, me iba a intentar ayudar. A la tarde, lo encontré de nuevo, curiosamente, estaba hablando con la señora a la que le robaron el bebé.
En el momento fui hacia ellos y les pregunté cómo se habían
conocido. La respuesta fue:
robado es de los dos. Ahí mismo los invité a mi casa a los dos días para
reflexionar sobre la búsqueda.
Cuando llegó el día, tocaron a la puerta a las 6:00 pm y los hice pasar.
Les ofrecí algo para tomar, pero no aceptaron.
Estábamos empezando a hablar cuando comentaron sobre mi reloj
de pared. -Parece un reloj muy lindo.
Me di cuenta de que habían apreciado el valor de mi reloj, pero en ese
momento no le di mayor importancia.
Al cabo de media hora nos decidimos por ir a hacer una denuncia
a la comisaría. Subí a buscar el saco. Cuando bajé, ya no estaban.
El reloj tampoco...
FIN