El Caso Escolar
Era una mañana tranquila, Bigo, Bruce y yo estábamos en Río de Janeiro en unas vacaciones desde nuestro último caso. Estábamos en la avenida en la que se encontraba nuestro hotel cuando escuchamos gritos de llamado a nosotros. Nos dimos vuelta y vimos a Thiago, un director de un colegio que conocimos en el aeropuerto el día de nuestra llegada.
-¡Qué casualidad!- dijo Bigo.
Y Bruce dijo:
-¿Qué pasó?- porque Thiago estaba nervioso.
-Necesito que me acompañen al colegio-
Cuando llegamos nos llevó a un aula en la que había un chico muerto, sin ningún banco, con los vidrios de la ventana rotos dentro del aula y la llave adentro también. El chico estaba lejos de los vidrios rotos, sin manchas de sangre. Entramos por la ventana y recogimos la llave con un guante. Era un caso difícil porque los sospechosos eran los chicos y los profesores de todo el colegio y eran 400 personas. Cuando Bruce miró al chico notó que no tenía los ojos, luego preguntó a un amigo del chico qué clase de persona era. Solo supimos que era deportista, molesto, pero nada muy importante. Más tarde hablamos con un chico que lo único que dijo fue que lo odiaba y se fue. Bigo pensó que había sido él, pero Bruce y yo no. Bigo estaba convencido hasta que, luego de unos interrogatorios, descubrimos que lo odiaba por morir. Yo pensé que se había suicidado porque un amigo dijo que había perdido en su último partido. Así que Bigo y yo creímos que había entrado, se sacó los ojos tapándose para que no saliera sangre, se chocó con la ventana, se le resbaló la llave, al igual que una gota de sangre y luego cayó. Pero se quería demasiado para suicidarse. Bigo y yo pensamos que no se resolvería hasta que Bruce interrogó a un chico que dijo que siempre lo molestaba por sus anteojos. En ese instante Bruce resolvió el caso con un detalle más que le preguntó a Thiago.