El ratoncito Pérez.
Padre Coloma- España.
Érase una vez un ratoncito de nombre Pepito Pérez que vivía en la ciudad junto a su
familia. Su agujero no era muy grande pero sí era muy cómodo, y siempre tenían
comida. Un día, el Ratoncito Pérez subió a la planta de arriba y entró en una
vivienda. Pudo comprobar un montón de maquinaria, porque resulta que era una
clínica dental. A partir de entonces, todos los días subía para ver al odontólogo
trabajar, apuntando cada paso en una libreta y posteriormente practicando con sus
padres.
Con el tiempo, cada vez se acercaba más gente para que le arreglase la boca, tanta
que acabó haciéndose famoso.
Con el tiempo empezaron a llegar ratones ancianos con un problema distinto, y es
que no tenían dientes. Pensando y pensando Pérez se dio cuenta de que en la clínica
se colocaban dientes que no eran los originales de las personas, sino que salían de
una fábrica. El problema es que eran demasiado grandes para los otros ratones, por
lo que decidió buscar dientes de verdad pero que fuesen de niño.
Como el Ratoncito Pérez era bueno, decidió acercarse a la casa de los niños y
comprar los dientes. Al llegar a una de las casas encontró un gran gato que le
impidió pasar, así es que el Ratoncito Pérez decidió que lo mejor sería esperar a que
llegase la noche y todos estuviesen durmiendo. Y así lo hizo. Al llegar la oscuridad
entró en la habitación del niño y se fijó que puso su diente debajo de la almohada. Lo
cogió y a cambio le dejó al niño un bonito regalo en el mismo lugar en el que se
encontraba el diente.
Al día siguiente el niño despertó y se puso muy contento por el regalo, tanto que se
lo contó a todos sus amigos, y a partir de ese día todos los pequeños empezaron a
dejar sus dientes de leche debajo de la almohada.
Gracias a eso, el Ratoncito Pérez consiguió que los niños estuviesen contentos y que
los viejos ratones pudiesen volver a comer de todo.
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