creación de una de las novelas más importantes del siglo XX y que
marcó un antes y un después para el estilo periodístico y literario
por igual.
Así mismo, existió un antes y un después para Hoffman gracias a
su interpretación en la película dirigida por Bennett Miller. Lo que
rescata a Capote de ser un simple filme de esos que proclaman
“basado en hechos reales” es la interpretación principal. Un gran
actor secundario que pedía un papel protagónico como este. Hoffman no es solo fachada, imitación, recreación de la realidad; es la
cara del trauma y las inseguridades del autor.
La actuación es precisa, y tan extraña y mítica como el propio
Capote, un hombre cuyas peculiaridades enmascaran su gran
inteligencia y profundas heridas. Hoffman nos deja sin aliento,
logra un acercamiento inusual sobre un personaje por todos conocido por sus extravagancias, y que gracias al gran actor gana en los
silencios, en las lágrimas, en la sensación de indefensión y decepción, incluso en los momentos de la historia en la que el reconocido
socialité se encuentra en una etapa deslumbrantes de la escena
hollywoodense. Los sentimientos del personaje se pueden palpar
en la escena, se traslucen a través de la presencia escénica de un
hombre que se antoja totalmente apropiado para el papel. Nunca
sobra ni falta nada en la actuación.
Estaba claro, incluso desde antes de ganar su Oscar por este filme,
que Hoffman era un actor inusualmente extraordinario. Siempre se
distinguió por ir tan lejos como fuera posible y entender el comportamiento y hasta el alma misma de los personajes más incomprendidos e incluso detestables. Es probable que al final de su vida,
hubiera sido el actor “especializado” en dar vida a personajes singularmente infelices, trágicos, repulsivos; pero en la totalidad de la
obra que sí dejó, será siempre un placer verlo.
Y fue una coincidencia feliz que Hoffman hubiera ganado el Oscar,
el Globo de oro y todos los premios que le fue posible recibir, interpretando a Capote, tan solo porque a los miembros de la academia
les encantan las transformaciones, las imitaciones, los cambios físicos, de peso, de sexo; pero la verdad es que pudo haber ganado por
Happiness (1998), Magnolia (1999), Charlie Wilson’s War (2007) o
The Master (2012).
26
Si lo que quiere es encontrar un Capote perfecto, es mejor buscar en otra parte, por ejemplo en la muy ejemplar interpretación
que Toby Jones hizo en el también loable filme Infamous (2006),
muy parecido en sus manierismos y apariencia. Pero la representación de Hoffman, aunque si muestra una adaptación, no es una
imitación: es su propia creación, es una obra de arte, no de mímesis.
El Capote de Hoffman es incluso más patético y necesitado que el
real. Es un rol triste, un homenaje al autor.
Después de los dolorosos acontecimientos que llevaron a la muerte
del actor, es imposible no preguntarse cuánto del dolor que vemos
en pantalla es en realidad el dolor de un actor excepcional, en
constante lucha con sus tristezas personales, que al final le fueron
imposibles de superar y acabaron con él.
27