había arrojado dos bombas cerca de Kochfeld. El desorden en la cocina duró cerca de 5 minutos.
Luego la horda se retiró, arrojando, aún, frente a la casa, un bote de mostaza. La familia Weissmuller, temiendo que los bandidos volvieran, fue a esconderse detrás de una monton de paja, cerca del establo, y, no pudiendo soportar el frío por más tiempo, se escondieron en un galpón donde se servia el forraje para el ganado. En la mañana siguiente, constataron, además de los daños mencionados, que fueron robados dos sillas, una toalla y un pan. Más dos sillas rotas en el jardín; y estaban estropeadas las cortinas de varias ventanas.
Se dirigieron a continuación para la propiedad del labrador alemán Unkenhol t, l a cual también se encuentra en Guten-Ausben. Allí, también, quebraron casi todos los vidrios y algunos marcos de las ventanas, arrancar on y rasgaron las cortinas. No penetraron en el interior de la casa, probablemente, porque un perro que estaba en la casa, que corria de cuarto en cuarto, ladrando con todas sus fuerzas. A pesar de eso, robaron, a través de una ventana, dos cortinas y un espejo.
La familia Unkenholt se ocultó, en tiempo, un patatal que quedaba a unos cientos de metros de la casa, de donde pudieron oír el tumulto y el oir de los vidrios que se rompían. Después, el bando penetró en la propiedad de la viuda del labrador alemá n Strodtmann, donde rompió casi todos los vidrios de las ventanas( unos 66) por medi o de maderos y piedras, y destruyó no menos de 11 marcos.
Algunos bandidos penetraron, por la puerta, en el interior, encontrando un bote con pepinos, una lata de café, pisaron los dulces que encontraron, destruyeron el modulador de la radio, las cortinas de dos ventanas en el cuanto de dormir, el ajuar de la hija, y robaron, bajo jubilo general, l a importancia de 50 zloty, y aún el voltimetro del radio y las cortinas de dos ventanas. La familia Strodtmann se escondía, en tiempo, en el sótano del establo.
Volviendo a Kochfeld, la banda invadió la propiedad del alemán Schmalz, donde rompió, bajo gran alarde, los vidrios de las ventanas del lado del jardín y del patio. Algunos hombres demolieron el balcón del lado del patio trasero, sacando, con un hierro, la puerta que lleva del balcón al interior, robaron 180 zloty en dinero, una sombrilla, las cortinas de tres ventanas, un par de guías, correas y cadenas para caballos. La familia del testigo Schmalz se refugió, en tiempo, en el tejado donde se escondía.
El testigo Schmalz reconoció de allí al acusado Skrzypcziak por la voz. En su retirada, los bandidos soltaron aún una pica que habían encontrado en la casa de Schmalz. También llevaron una palanca que encontraron en el patio trasero. La banda siguió entonces por las 23 horas, a la propiedad del alemán Scheintze en Kochfeld, donde, en primer lugar, destruyeron 65 vidrios de la casa y otros del establo, sirviéndose de maderos, garrotes y piedras y probablemente de la avalancha que llevaron. Además de las demoliciones y unos pequeños estragos, no cometieron otras depredaciones y no entraron en la casa.