CRÍMENES POLACOS CONTRA LOS ALEMANES ÉTNICOS EN POLONIA crimenes_polacos | Page 150

Mientras el joven teniente me envió a la cocina de campaña que se encontraba en el patio, mandó conducir a mis compañeros hasta el muro de la propiedad. Al llegar el primer intento, este pregunto al teniente en tono enfadado y tan alto que pude oírlo: " Entonces, ¿ cuántos de esos cerdos hitleristas liquidaron esta vez?" El teni ente respondió: " Cuatro ya están detrás del muro, y los demás están a su disposición. Apuntando hacia mí, añadió que yo había de ser exceptuado, mostrándole las dos cartas de reconocimiento. A continuación, el primer teniente malo mando a llamarme y me preguntó qué cargo había ocupado en la guerra mundial. Cuando respondí, de acuerdo con la verdad que yo había sido primero sargento efectivo, me declaró que estaba en orden y me mandó quedarme fuera. Se dirigió entonces, en voz alta y arrogante, a los soldados polacos que se hallaban esparcidos en el pa teo- unos 300 a 400-; con las siguientes palabras: "¡¿ Entonces, quieren ver más de esa carne de cerdos hitleristas alemanes?!, a lo que todos los soldados respondieron en coro: "¡ Sí, señor, fusilemos a todos los cerdos!" El primer teniente mandó, después, dos soldados buscar al redactor Busch, de Neutomischel. Preguntando cuál era su profesión, y no sabiendo hablar polaco, le presentó su carnet de identidad.
Ahi, el primer teniente, armado de granadas de mano, de browning y de una vergüenza, dio unos quince golpes brutales en la cabeza de Busch; el pobre hombre echaba sangre por los ojos, la boca, la nariz y los oídos, quedando todo ensangrentado. En seguida el teniente mandó a dos soldados colocar a Busch junto al muro del pateo, con el rostro al muro, sacó el revolver y le disparó un tiro en la cabeza. Yo vi cómo Busch cayó herido en el occipital y como el oficial le dio dos ti r os en la cabeza, que lo mataron después, el oficial, todo empinado se dirigió de nuevo a sus soldados, gritando: " Quieren más de esta carne de cerdos " hitleristas?¡", a lo que los soldados respondieron uníssonos: " Todos a la pared ". Entonces, el primer teniente cogió, a placer a dos compañeros, matándolos, igualmente, a tiros, haciendo lo mismo con otro compañero que mandó escoger por un cochero.
Esta víctima fue el infeliz labrador Pohlmann, de Sklowo, cerca de Kostschin. Muertos estos cuatro populares alemanes, el oficial hizo una advertencia a los soldados, diciendo, más o menos, que se satisfacían con los cuatro asesinados, que( los polacos) no eran bolchevistas, sino soldados del ejército polaco y que saluda ban al supremo jefe del ejército, el mariscal Rydz-Smigly. También dio tres " vivas " al mariscal que los soldados acompañaron con altos gritos, entonando, después, el himno nacional polaco.
Los cuatro cadáveres fueron, por orden del oficial, arrojados en una cueva ya abierta y enterrados por los compañeros que asistieron a la escena. A continuación, en esa ocasión, cada uno de nosotros recibió un fuerte garrotazo, dada por el pri mer teniente polaco. Llegamos a Gnesen, fuimos entregados a la policía polaca. Después de pasar dos días en una escuela, seguimos a pie, bajo escolta policial, hacia Varsovia. Nuestro destino era un pueblo situado entre Varsovia y Brest-Litowsk. Nuestra marcha diaria era de 40 a 50 km y en 10 días recorrimos unos 400 km sin recibir