medio pan para cada preso, y esto sólo porque yo había sobornado al primer sargento mediante 100 zloty y porque diariamente le entregábamos 30 zloty, producto de una suscripción entre los presos. Sufrimos horriblemente bajo el hambre y la sed. Los presos que iban a buscar rábano en el campo, eran maltratados a culatazos hasta caer al suelo.
Los presos civiles alemanes eran personas de 14 a 76 años de edad, habiendo mujeres entre ellos. Ningún preso sería capaz de soportar las fatigas de aquella marcha, tanto más que todos faltaba la necesaria alimentación, el descanso indispensable y la ropa suficiente. Muchos estaban vestidos, apenas, de camisa y pantalones, muchos calzando huecos, otros sólo un zapato, porque ni se les había dado tiempo para vestir. Por regla general, todos los que se enfermar durante la marcha, eran muertos a golpes o bala. Yo mismo no vi tales casos en primer lugar porque esos actos se practicaban durante la noche, en segundo lugar, porque nadie podía mirar hacia atrás. Oí, muchas veces, los pesados golpes, los gritos, y el hec ho y que los presos sacados de la fila no volvi eron más. Vi al menos seis populares alemanes a lo largo de la carretera, que habían sido asesinados a golpes o disparos por las tropas que nos precedían.
Los presos procedentes de Lissa fueron maltratados, en Schroda, de manera increíble, a culatazos y garrotes, por hombres de la escolta- elementos del 17 ° regimiento de ulanos, polacos. Un sastre fue sacado cuatro veces después de la fi l a y maltratados de manera que resultó tener una grave herida en la cabeza. En Peisan, donde excepcionalmente nos alojaron, dejándonos apiñados en un espacio diminuto y sin paja, el profesor Semenjuk de Lissa se volvió loco, como consecuencia de los malos tratos y de las fatigas pasadas, y dio altos gritos. Bastó ese hecho para que el guardia desechara tiros contra nuestro alojamiento. La actitud prudente de los presos hizo que el tiroteo no tuviera graves consecuencias. La escolta dejó a los civiles entrar en nuestro alojamiento y robar, a los presos, los relojes, los anillos y el di nero. En l a mañana del día siguiente apareció un sargento del 17 ° regimiento de ulanos para robar lo que quedaba y, sobre todo, dinero, relojes y anillos. Yo mismo sufría serios malos tratos por culatazos y no habría escapado a la muerte si el soldado que me apuntó no errar el blanco.
La bala me pasó la cabeza. Se dio esto únicamente porque yo iba a poner un viej o de setenta años en un carro después de que él sucumbiera de fatiga. Estoy firmemente convencido-como todos mis compañeros- que durante la marcha se murieron a golpes o bala numerosos populares alemanes. Debido a la oscuridad no pudimos ver sino una parte de las víctimas. No fueron sólo los hombres de nuestra escolta que pertenecían al 17 ° regimiento de ulanos, sino también a los solda dos de los destacamentos polacos en retirada que nos maltrataron gravissimamente a culatazos y latigazos. Entre Kolo y Klodawa, también un mayor, con sus hombres, de un destacamento de coches blindados nos injuriaron y azotaron. En la marcha de Slupa a Lowitsh( 150 km) no hubo descanso, ni de noche. Sólo hubo unos breves intervalos debido a los impedimentos del tránsito en las carreteras.